Visita del Papa a Barcelona


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Así son las cosas. Parece ser que el jefe del estado Vaticano, anterior preboste de la nueva Inquisición y Papa por la gracia de Dios se va a acercar a mi tierra, Barcelona, el próximo mes de noviembre.

A mí, y a muchos como yo, esto nos llena de tristeza.
Esto es así por muchas razones. Si me dejo llevar por mi falta de fe y mi anti-catolicismo argumentaría que en un momento como el actual, en el que no hay dinero para nada, ni siquiera para las Universidades, el ayuntamiento se va a gastar un millón de euros en el dispositivo papal (que para más INRI será mucho más elevado, sino tiempo al tiempo).
Pero no esa la argumentación que quería hacer. Esta es algo visceral que solo viene a cuento si pienso en la desgracia histórica que ha representado el catolicismo para la Humanidad. Lo que deseaba comentar era el error que supone, para ese Jefe de Estado, venir a una ciudad como esta.
Para empezar, le argumentaría a ese buen señor que mi ciudad es muy dada al anticlericalismo. Que lo confirme buscando información sobre la Semana Trágica y descubrirá cuanta mala gente la puebla. No es buen lugar para sotanas y mucho menos para la ostentación de sus altos jerarcas, se lo digo de corazón y sin ánimo de ofender, que la mayoría de catalanes somos así de raros.
Le diría que mi pequeño país, sobre todo si pregunta allende sus fronteras en lo que se da en llamar España, es muy separatista, republicano, laico y anti-monárquico, suficientes razones como para ir a cualquier otro lugar a hacer proselitismo sin necesidad de pasar por aquí.
Le propondría que fuera a darse su paseo por otros lugares. A la capital del reino, por ejemplo. Ese sí es el lugar idóneo para un jefe de estado. Allí podría charlar, pasear o montar una misa con lo históricamente más allegado a su Iglesia: la Monarquía y el Ejército. Tendría además a su disposición al principal gerente de su negocio en España, Rouco Varela, que es fiel seguidor de su doctrina castradora.
De todos modos imagino que vendrá, que las palabras que podamos decirle no cambiarán su decisión ya que somos más pequeños y sencillos que su Dios, su jefe. Por eso solo me queda desearle una infeliz e incómoda estancia y esperar que sea la última vez que veamos a alguno de su calaña por estos lugares.





                    


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