Francisco Javier León de la Riva y la traición

Sí, señor Francisco Javier León de la Riva, la traición de su subconsciente a la hora de hablar. O eso, o es que es usted un misógino tan grande que no se corta ni ante los medios a la hora de soltar sandeces o tal vez sienta tal envidia por no poseer aquello que no está a su alcance, que la rabia le delata. Prefiero pensar lo primero, que le traicionó el subconsciente a la hora de hablar y no supo calibrar entre deseo y realidad.
Piense que su caso no es único. Hay muchos caballeros de moral estricta, misa de doce los domingos y perfectos padres de familia que no han superado aquella denostable idea de la pura y la puta.
En la actualidad, en este maravilloso país situado al norte de África, existen muchos dignos caballeros de rancio abolengo que tienen en casa a la madre de sus hijos, mujer respetable y respetada, y que en buena lógica han de salir de vez en cuando a que le hagan un buen lavado de cabeza (léase su cabecita de “pensar”, no la que les soporta el sombrero). Su tipificación de las mujeres es tan sencilla como eficaz a su moral y se resume en lo que dije más arriba: Dos grupos, de un lado su mujer y tal vez sus hijas, y del otro el resto de “guarrillas” a las que desean llevarse al huerto, que para eso van provocando.
¿Qué debió pensar de esos morritos señor Francisco Javier León de la Riva? No sé que pudiera pensar usted pero sí sé lo que piensan los individuos que describí más arriba, que ciertas “guarradas” no se hacen en casa con la esposa de uno, esa santa, que para hacer eso se va uno a buscar a todas las putas que inundan España.
Que no les pase a muchos de ustedes lo que a uno que yo conozco, que se pasa la vida contando billetes y moneditas mientras su santa se va chuscando a cuantos hombres gusten de aprovechar lo que tiene de hospitalario.
Háganme caso caballeros de esa índole, agarren a sus respectivas esposas y dense un homenaje. Si bien no es un acto que les haga ganarse ese cielo que esperan y al que aspiran, al menos se van a quedar relajados y no les traicionará el subconsciente ninguna vez más. 
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