El viaje en barco de los Famas

Un heterogéneo grupo de seres se subió a un barco. Dicho grupo constaba de unos pocos Famas, un grupo algo mayor de Cronopios y un resto de Esperanzas, esos pobres bichos, contingente de la Infra vida.
Como sucede es estos casos, los Famas tendieron a organizarlo todo, a mandar sobre el resto de navegantes, y todo ello, sin el conocimiento previo de las artes del patroneo, condición indispensable si se pretende que el trayecto entre los puntos A y B se lleve a término y no termine en naufragio.
La primera decisión ya chocó, y de qué modo, con la idiosincrasia de los Cronopios. A saber: Todo el mundo debía tomar su remo y remar en la dirección, sentido y ritmo marcados por los Famas.
Los Cronopios, grandes anarquistas, dejaron de verlo claro a partir de la primera orden. Unos se negaban, argumentando algo tan manido como que “en todos los trabajos se fuma” y que aquella no era forma de empezar un viaje. Otros argumentaban que si todos los remos eran iguales, un aburrimiento supino caería sobre ellos y a la primera de cambio exigieron la posibilidad de pintar cada remo de colores al gusto, cosa que les fue denegada. Otros pensaban que si una orden no viene acompañada de un sentido o una lógica, la va a seguir Viriato, ellos no. Consecuentemente restalló el látigo, lo que produjo en los Cronopios el efecto contrario, pues es bien sabido que un Cronopio se dejará convencer pero jamás vencer.
Las Esperanzas andaban a lo suyo: Las unas intentaban lamer las garras de algún Fama, las otras soltaban risas estridentes, como de hiena, delatando a unos y a otros, pero ninguna tenía conocimiento de qué demonios es un remo.
Así las cosas, los Famas, en una decisión de mandato, de las de poner los cojones sobre la mesa, decidieron abandonar a su suerte a los pobres Cronopios en una isla desierta, su Mesias a la cabeza, y continuar, látigo en mano, apoyados por las Esperanzas, esos miserables bichos.
Según las últimas reseñas aparecidas en la prensa se ha sabido lo siguiente:
Los Cronopios han fundado una comuna anarco sindicalista en su isla tropical. En ella se dedican al hedonismo y sus actividades se reducen a proveerse del máximo placer y a pintar los cocoteros de colores vivos.
Del barco se conoce que sigue a la deriva y fue visto por última vez debatiéndose entre el oleaje del cabo de Hornos. Escasean los víveres. Los remos se han perdido. Al timón no va nadie porque los mecanismos de control de motines propuestos, apenas dejan tiempo para otra cosa. Las Esperanzas ya no saben donde lamer para mantenerse fuera del agua y en un noticiario sensacionalista de Puerto Williams, apareció una entrevista hecha a Isaías Murón, patrón del pesquero “La Paz”, en la que juraba haber oído salir de entre la niebla del estrecho de Le Maire una voz gutural que gritaba “Los que no remen en la dirección que yo diga serán echados por la borda”. Después reinó el silencio.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Historias de cronopios. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s