Llega la Navidad, pues dad por donde el verano

En un día tan señalado como el próximo 25 de diciembre somos propensos a cometer un par de errores básicos. Me atrevería a decir que infantiles.
De un lado celebramos el nacimiento de un buen señor, del que no tenemos referencias históricas veraces y que, caso de haber existido, nació en otro momento. Del otro tendemos a cometer, llevados por la vorágine de felicidad impuesta por los medios, a desearla a todos nuestros congéneres (los zoofílicos a sus animalitos, además).
Seamos serios. Sentemos las bases de un futuro más real y menos ñoño.
Si hemos de señalar ese día como importante, que lo sea porque nació Isaac Newton, el mayor genio entre los genios. El primer científico capaz de formular matemáticamente la mecánica celeste. Felicidades Sir Isaac y gracias por haber existido.
En lo referente a la segunda propuesta hagamos una reformulación más acorde con los merecimientos. Es desde esa nueva idea que os digo:

Que la vida os devuelva con creces todo aquello que sembrasteis.
Si fue amor que seáis doblemente amados.
Si fue bondad, comprensión, ternura, cariño… el doble de cada cosa.
Pero
Si sembrasteis vientos, espero que recojáis la peor de las tempestades. 
Si vivís con odio, soberbia, envidia, maldad… Pudriros en vuestra propia hiel.

***

Ahora me tomaré una copa de vino en honor de Newton. 
Hala, a cascarla.
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