Añoranza de Cronopio

Hace un par de días se puso en contacto conmigo el Negro pollón: pescador caribeño, gran bebedor, buen tocador de señoras y enculador esporádico si es que alguno lo merece. Por cuestiones de trabajo hubo de abandonar temporalmente la isla de los Cronopios y aprovecho para llamarme con la consigna de enviarme saludos y contarme un poco la situación.
Parece ser que el reducido número de Cronopios está pasando por una época algo baja y tristona. Ya se sabe, los Cronopios; que si se pierden al contar las celdas de los caparazones de las tortugas, que si los tiburones no aceptan el mismo trato que los delfines. En una palabra: añoranza.
Para mitigar en algo su pena me di en pensar que debía mandarles un pequeño detalle, algo que les elevara la moral. Por ello preparé un antiguo reproductor de cintas de casette Philips (modelo años 70), un buen surtido de pilas Ikea (mejor precio imposible) y un par de cintas conteniendo un heterogeneo número de canciones de antaño.
He mandado el paquetito por correo ordinario hacia Santo Domingo, donde el Negro Benof deberá recogerlo y entregarselo tan pronto como pueda.
Como homenaje a su lucha diaria, comparto uno de los mejores temas que contiene.
Salud, Cronopios, salud, y un fuerte abracito desde este lado.
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