Ley antitabaco y máquinas recreativas 2

Ante todo aclarar que soy fumador. El día que el Altísimo repartió las virtudes debió suceder que mi alma estaba al final de la fila y esa debió ser la razón de que solo me tocaran vicios. Lo dicho: soy fumador, me gusta beber y si hay posibilidad me encanta follar. Dicho esto paso al meollo de esta entrada.
Esta mañana entré en mi estanco a buscar la dosis de fin de semana. Tal y como me vio, mi estanquero me dijo, con toda la ilusión del mundo, que le habían llegado noticias de que la recaudación de las máquinas recreativas había bajado mucho en lo que llevábamos de mes prohibitorio.
Maravilla de maravillas. ¿Seré el Mesías? ¿Será que aquellos que me atribuyeron tal nombramiento tenían razón? ¿Será que por fin tengo a Dios de mi lado? ¿Será es futuro?
Como dudo de todo os reconozco, desde ya, que no pienso lanzarme a postrarme ante ningún altar. Para eso debería aparecérseme María y seducirme, cosa harto fácil, por cierto (la seducción, entendedme). Incluso así me plantearía dar ese absurdo paso. Pero…
Sería tan lindo que se cumpliera lo que ya dije en una entrada anterior: que esos pobres desgraciados que cayeron en las garras de las campanillas y las lucecitas pudieran librarse por fin de tan abyecto vicio, que se curaran al fin y la felicidad se reubicara en sus hogares. 
Lo que digo siempre: soñar es gratis.
Aunque igual si soy el Mesías habré de empezar a hacer prácticas de milagros (Curso primero) a ver lo que puedo conseguir…
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