Aznar y su desvergüenza

Ayer volvió a campar a sus anchas el amigo José María Aznar. Como era de esperar conjuró por enésima vez a los demonios de las autonomías culpándolas de todas las maldades que acechan a “su” España cañí, unificada bajo botas militares, provinciana y beata. ¿Su intención? La de siempre: desestabilizar al país a través de su españolismo casposo y hediondo.
¿Qué sucede José Mari, que les faltan cojones a las cabezas visibles de tu partido para tirar hacia delante el proyecto patrio ellos solos? Resulta que has de volver tú por tus fueros, en plan “Santiago y cierra España”, a repetir los mismos argumentos que esgrimiste para llevarte las anteriores candidaturas; repetir los mismos miedos y señalar a los mismos “culpables”.
Cuántas veces debes soñar que eres el Milosevic español…
Cómo debes envidiar aquellos lejanos y hermosos tiempos del nazismo purificador…
Tú, el españolito tonto de la foto, que deberías estar ante un tribunal internacional junto con Blair y el loco Bush para ser juzgado por crímenes contra la Humanidad.
Pero parece ser que no te bastó con eso. Aspiras a más, deseas volver a toda costa a la España nacional católica de antaño. O quizás no. Tal vez aspires a fundar un cuarto Reich emulando a Hitler.
Resolver ese terrible problema que tú le atribuyes a las autonomías sería algo sumamente simple de solucionar. Para ello solo sería necesario que los tipos como tú os dierais cuenta de que media un abismo entre el país que heredamos tras la dictadura, cuya constitución tuvimos que acatar porque los sables pendían sobre nuestras cabezas, y el país que existe ahora. Lo único que debe hacerse es abandonar, de una vez por todas, aquella patria vergonzosa, cuyos blasones son el toro negro y las procesiones de semana santa, y reconvertirla en un estado federal, laico y culto, sin las lacras de la monarquía, el clero y los “señoritos” campando a sus anchas.
Lo triste es que tienes dos armas que han sido fundamentales para escribir la Historia de este extraño y ridículo país: la Incultura y el Miedo. Esas han sido, desde siempre, las grandes aliadas de todos y cada uno de los desastres que nos han asolado convirtiéndonos en lo que somos ahora y que tú quieres perpetuar.
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