Imma Mayol propone prohibir la circulación de coches de más de 10 años en Barcelona

He de reconocer que en mi pequeño país también suceden cosas divertidas, de aquellas que nos acercan a la Espanya cañí, para que sintamos un poco de vergüenza de ser catalanes. Me refiero a la última propuesta del ayuntamiento de Barcelona: Imma Mayol propone prohibir la circulación de coches de más de 10 años en Barcelona
Me encanta ver cómo esa buena criatura, que pertenece nada más y nada menos que a ICV (los Verdes, por si alguien no lo sabe), quiere echar mano de los eternos recursos naturales de la Tierra para echar fuera a todo aquel cuyo estatus, o capacidad de cuidar su vehículo, no le permita sustituirlo antes de los 10 años.
Que no lo critico, me parece maravilloso dado que Gaia es y será eterna, al menos por lo que se deduce de sus palabras. Es más, por qué no cambiamos de vehículo antes de pasar la primera revisión. O vayamos más lejos, por qué no cambiamos de móvil cada seis meses, de ordenador cada año, de pareja cada cinco y de casa cada siete. Tanto da que cuidemos, mimemos o nos esté bien aquello que poseemos o vive a nuestro lado. Personas como Imma Mayol, que deben tener un curriculum medioambiental maravilloso, son partidarias de quitar, sustituir, echar, desaparecer lo que por viejo considera inútil.  
¿Puede ser este el punto de inflexión por el cual a los sesenta años nos convierta el sistema en comida para piscifactorías? Analizado fríamente también sería una gran solución para acabar con el déficit de la Seguridad Social y de paso con problemas alimentarios por déficit de Omega3. No lo descartéis, a algún político se le ocurrirá.
Pienso que es increíble la desfachatez con la que nuestra casta política, lastre económico de proporciones vergonzosas, es capaz de lanzar globos sondas y, si les dejan, legislar. Véase sino las leyes y normas fascistas como la ley antitabaco y la “irás a la velocidad que me salga de los cojones porque yo lo valgo”.
Creo que no es bueno hacer tabla rasa de las cosas, y más viniendo de personajes que nos deben a nosotros el estar donde se encuentran, viviendo de la sopa boba mientras otros pasan penurias. No es bueno utilizar la palabra prohibir con la ligereza que la usan personas como ella, porque apenas nada es intrínsecamente bueno ni malo, pecado o virtud. Ni se puede hablar con esa desvergüenza.

Ya decía mi admirado Bertrand Russell aquello de que “Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas”. Por desgracia, de unos años para acá el planeta pertenece a los ignorantes.

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