Abatido el número uno de Al Qaeda

Ante todo debe quedar claro que no veo justificable ningún tipo de terrorismo. Ninguno. NI siquiera el terrorismo de estado. La célebre frase de que “el fin justifica los medios” me rompe toda idea ética ya que permite las mayores barbaridades en favor de teóricos bienes aún mayores que aquellas. Aún y así pienso que cabría matizar en algo la que será, con toda probabilidad, la noticia del año (si nada va a peor, que todo puede suceder).
Ayer fue asaltado el lugar donde se encontraba el terrorista entre terroristas siendo abatido durante la operación. A continuación salió Estados unidos llenándose la boca y hablaron de justicia. En mi modesta opinión y viniendo de unos de los países más fascistas que existen en la actualidad, deberían haber hablado de venganza ya que en un estado democrático y de derecho, la palabra Justicia (en mayúsculas) solo debería haberse utilizado si ese terrorista hubiera sido detenido, juzgado y condenado por un tribunal.
A partir de aquí pueden aparecer muchas preguntas: ¿Cómo tenemos la certeza de que una de las personas asesinadas es él? ¿Dónde está el cadaver que lo certifique? ¿ A quién benefica el hecho de haber hecho desaparecer ahora, 10 años después, unas invasiones después, unos expolios después, a ese terrible monstruo? ¿Representará este acto un aumento del terrosimo islámico? Y caso de ser así ¿Quienes serán los más beneficiados si eso se produce?
No olvidemos que los atentados del 2001 le pusieron en bandeja al sistema la supresión de muchas libertades; representaron la posibilidad, para ese país que se jacta de ser el más democrático del mundo, de montar algo tan vergonzoso como Guantánamo, un lugar donde uno puede desaparecer porque sí, porque a alguien le interesa. No me canso nunca de repetir lo mismo: Hitler llegó al poder de manera democrática; Hitler legisló según sus intereses y todo ello dio pie a que pudieran exterminarse millones de personas desde la más correcta legislación.
No olvidemos tampoco que estamos a un año del fin de mandato de su presidente el cual, a juzgar por como le iban las cosas, lo tenía más que crudo para la reelección.
Al final todo ha sucedido como en las mejores películas de cine negro o como en los cómics de super heroes. Al malo de turno se le mantiene vivo y haciendo daño mientras sea útil a la trama  y cuando pierde esa potestad, cuando no es útil a los intereses del guión se le mata y se crea otro ya que el bueno o el super heroe no puede estar relajado. Nadie se lo creería.
Ni siquiera yo me lo creo, que queréis que os diga. A estas alturas de la vida no me creeré las fotos que presenten del óbito; mayores maravillas se habrán visto con el photo shop. A estas alturas no me creeré nada de lo que venga del país más manipulador del planeta; el que fue capaz de organizar la operación Condor en sudamérica pero que ha sido “incapaz” de encontrar vivo al terrorista; el que mantiene Guantánamo donde toda ley y derecho es inexistente; el que manipula mercados y países a su antojo; el causante de casi todos los males que asolan el planeta pero que se jacta de ser buena gente y mejores cristianos.
Lo dicho: me duele, pero no me creo nada.
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