Carta a los Indignados o ¿Carta a los Reyes Magos?

Compañeros de Sol (y por extensión del resto del mundo)
A medida que pasan los días veo, cada vez con más indignación, como un submundo de arribistas se parapeta tras la voz de los Indignados para pedir su particular “carta a los Reyes Magos”.
Por el seguimiento que hago en Twitter se me aparecen peticiones que como catalán que soy empiezan a ofenderme. No deseo poner ejemplos. Analizados desde cada una de sus particularidades, todos y cada uno de ellos tienen su razón de ser. Pero la tienen en una parcela externa totalmente disociada con el alma de la protesta.
La conclusión que saco de todo ello es que vamos perdiendo el norte. Estamos anteponiendo la triste idiosincrasia española: «estando yo bien los demás que se jodan»; por delante del espíritu real de la protesta que no era sino el de “desobediencia pacífica”.
A mi modo de ver la función real de este maravilloso movimiento no debería ser otra (sobre todo mientras no sea un clamor que se escuche desde el espacio) que la de decirle la clase política que “somos conscientes de lo que son y no transigiremos más”; que sepan que sabemos hasta que punto juegan con nosotros y que no estamos dispuestos a seguirles salvo que cambien.
Pero esto no debemos hacerlo desde una o varias plazas. Pienso que es un «Clamor» único, un grito sencillo que debe decirles “NO. YA BASTA” y que no puede entenderse solamente desde la visión provinciana que veo en Catalunya ni desde la intención de empezar a hacer otra política desde fuera de la política. No es nuestro oficio ni creo que debamos caer en las garras de los arribistas que no buscan sino la poltrona a la que ahora desprecian.
Nos guste o no, nuestro país real, el que nos maniobra a su antojo, se llama Europa. Nos guste o no, y a pesar de las importantes diferencias entre unos y otros, todos los europeos somos carne de cañón para las políticas neoliberales a las que se han entregado desde hace años. Nos guste o no, la tempestad que nos mece a su antojo nace en esa Europa “unida” de la que solo unos pocos saldrán vencedores si no les paramos.
Dejemos las peticiones particulares para otro día. Intentemos salir cada viernes de cada uno de los barrios de cada una de las ciudades hasta unirnos en cada una de las plazas; y que la única voz que salga de nuestras gargantas no sea otra que “YA BASTA, ESTAMOS INDIGNADOS”. Esta es mi humilde aportación.

Pienso que si no lo hacemos así, si caemos en las garras de lo particular, del provincianismo, de la revuelta no pacífica; nuestro sueño se acabará en nada. Se habrá olvidado en poco tiempo y la destrucción a escala planetaria será infrenable. Pues lo que está en juego, lo que de verdad nos estamos jugando, se llama supervivencia, y por desgracia ese futuro está agazapado delante de nuestras narices.
Ánimos y felicitaciones para todos,
Manel.

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2 respuestas a Carta a los Indignados o ¿Carta a los Reyes Magos?

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