La policía golpea en Valencia

No nos quejemos. No nos dejemos llevar por el odio a los uniformes ni por el famoso “ojo por ojo”. No debemos mirar a la policía con desprecio porque al fin y al cabo solo son el instrumento. Pensemos más bien en lo positivo de su actuación.
Por cada golpe que ofrecen hay unos cuantas personas a las que se les cae la venda de los ojos. Por cada agresión que nos regalan, más y más compañeros indignados se lanzan a la calle para decir que “NO”.
Los políticos y sus jefes, aquellos que mueven los hilos del poder real, nos los mandan para doblegarnos, cierto. La pretensión que tienen, la única que les vale, la que le vale realmente al miedo, es hacernos daño para doblegarnos. Y ciertamente consiguen causar dolor, al menos sobre aquellos que reciben sus golpes y sus balas (de momento de goma).
Pero no han caído en el efecto real que están produciendo. Que sus ataques nos unen y sus golpes nos hermanan, dejando de lado los miles de matices que nos separan. La certeza es que sus golpes pueden llegar a ser nuestra mejor arma. Aquella que nos convierta de gotas sueltas en mar bravo.
Llegados a esto la pregunta es ¿Qué le hace al mar un golpe? Y la respuesta es “Nada”. Porque una vez golpeado sus gotas vuelven a ser mar.


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