Visita del Papa a Madrid 3

Leo esta noticia: La Conferencia Episcopal acusa a los manifestantes laicos de “parasitar” y “aprovecharse” del Papa y me sale una sonrisa. Me sucede porque pienso en una frase que mi padre me repitió mil veces para que me cuestionara otras tantas situaciones. Decía así: “De ser tuyas a ser mías, cuantas te comerías”. Y es que muchas cosas de la vida son así de simples si te pones en el lugar que corresponde. Un ejemplo sencillo: por más que parezca extraño, me duele más un arañazo en mi brazo que la patada en los cojones que le puedan dar a cualquier otro. Así de simple.

Eso mismo es lo que le sucede ahora a toda la curia católica, que se sorprende y ofende de que de repente aparezcan “parásitos” para “aprovecharse” cuando ellos, y solo ellos, han tenido esa exclusiva histórica.

Entiendo que les sea difícil aceptarlo. Tras más de 1500 años de control absoluto, en los que han manejado la economía a su antojo, han manipulado la cultura, han encumbrado a los poderosos que les convenían, han bendecido las armas de quienes les eran afectos, han asesinado, robado, violado y cometido todo tipo de bajezas teniendo a Dios y al miedo de su lado; es difícil aceptar otra cosa. Por eso se extrañan y ofenden al ver a otros “parásitos” que no sean ellos mismos.

¿Qué decirles para que entiendan a aquellos que jamás entendieron nada que no fuera el control del poder basado en el miedo? Deberían saber que en este país suceden cosas extrañas. Entender que por el hecho de que los políticos, católicos o no, no hayan tenido el valor (los cojones, diría yo) de cortar de una vez por todas con los vergonzosos acuerdos Iglesia-Estado que heredamos de la vergonzosa dictadura franquista; eso no significa que la mayoría de la población sea católica y vaya a respetarles. Deben entender que a pesar de que les paguemos todos sus vicios, que son muchos, el 75% de los habitantes de este país somos laicos y no queremos saber nada de su indigna religión y su falsa moral.

La cosa es así. Solo se respeta aquello que es respetable, y la Iglesia puede ser cualquier cosa menos eso. Su actuación, no ya en la época teocrática, sino en la actualidad, dista un Universo de serlo.

Así que desde aquí les digo que las cosas irán a peor. Mientras nos toque pagar su desvergüenza, mientras se atrevan a cuestionar y manipular las decisiones políticas de un estado de derecho; mientras no dejen de ser parásitos de nuestro entorno, nosotros no dejaremos de parasitarnos en ustedes.

Respétennos y serán respetados, sino, aténganse a las consecuencias.



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