’25’ la nueva fragancia de Nacho Vidal

De entrada es bueno recordar que uno de los recursos utilizados en perfumería es la alegoría de todo aquello que es hermoso o envidiable por la mayoría de consumidores: botellas con formas de flor, de bambú, de diamante, de sensuales cuerpos masculinos y femeninos… Ni debemos olvidar tampoco que en su publicidad otorgan a sus productos un mágico poder sexual, tanto, que apenas hay ningún anuncio en el que no sucumba alguno de los protagonistas al tremendo poder del odorante Eros embotellado.
¿Por qué razón, pues, no iba Nacho a darle al continente de su colonia la forma de su tranca, si es la envidia de mucho macho con menos mecha; y cuyo poder sexual está más que contrastado en su cinematografía? Pero como me sucede siempre, me asaltan las dudas. Y necesito compartirlas para que algún lector avezado pueda resolvérmelas.
Algunas son bastante tontas: ¿Ha acertado Nacho con el envase? Porque no nos engañemos, o es de cristal muy grueso (lo cual me hace preveer usos alejados del original de envase), o la cantidad de líquido que debe caber en él podría elevar el coste del invento a precios prohibitivos. ¿El anuncio televisivo, caso de ser en “prime time”, presentará un primer plano del bálano pulido? ¿Saldrá el o la protagonista agarrando entre sus manos la enhiesta verga brillantemente cristalina? Nimiedades de púlpito de misa de doce, amigos. Nimiedades estéticas al lado de mis dudas principales. A saber: 
¿Regalarán los caballeros a sus amantes un facsímil de esa chorra, dejando a las suyas propias ninguneadas en la entrepierna? 
¿Obsequiarán las mujeres a sus amantes con tamaño caño bruñido, capaz de provocar ligera impotencia temporal al obsequiado?
Permitidme pensar que “no”. 
Aquí, en la España que nos tocó en suerte, no nos gusta que nuestra hembra manosee otros penes salvo nuestra amada cola. Incluso para muchos es hasta bueno que su santa no haya catado varón. Así de simple, no nos gusta que nuestras amantes vayan a cosechar nabos en huerta ajena. Bien sean estos naturales, de látex o del mejor cristal de bohemia, porque ¿Y si compara? ¿Y si la otra es “más…”?
El hombre español, la mayoría, somos de mucho follar pero de poco sexo. Reconozcámoslo, a pesar de programas educativos, nos gusta darle a la minga émbolo, la picha pistón, la pija taladro; somos fieles practicantes del “mete saca” y del “zas zas, por delante y por detrás”. Ergo envidiamos broca del 8 teniéndola del 4. Y eso, amigas, amigos, no es buena cosa.
Con mi pesimismo habitual yo lo veo de este modo: al final, la mayoría de componentes de mi género, los hombres, nos comportaremos mal con tal portento; a pesar incluso de que parte de los beneficios tengan una finalidad tan buena como la que él propone.
Pero otrosí pueden ser ellas, sagaces y listas, que escudadas tras la fragancia, y como dije arriba, deseen darle otro uso y probar en su musculatura íntima las bondades o destrozos que pudiere provocar dicho prodigio. Incluso ir más allá y encontrarle la gracia a la textura, la suavidad o al frío de su contorno; a lo atractivo de sus colores, su peso y rigidez… infinidad de atributos que a la mayoría de nosotros se nos escapan, machos simplones.
Por otra parte la especie humana es extraña y con un poco de suerte todos mis postulados se irán al garete. Pues ojala suceda y Nacho Vidal consiga que el invento triunfe, lo mismo que triunfa la exposición en un museo de los 33 cm de falo que calzaba el monje Rasputín… Pero eso ya forma parte de los misterios del cristianismo y no es ahora el lugar ni el momento.

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