Las burradas de un cardenal: "Un niño sin religión se siente atraido por las sectas"




Al final de esta entrada se puede leer la carta pastoral del amigo Lluís Martínez Sistach. Si haces Click aquí accederás a la hoja dominical donde aparece la misma.

Realmente la carta no tiene desperdicio alguno, pero hoy solo haré hincapié en dos puntos:

(1) Antes de nada desearía exponer un pequeños matiz a la frase “La atracción de la juventud hacia las sectas y los fundamentalismos…”. Pero a ver, ese cardenal habla de “la juventud” sin ningún tipo de rubor. No dice “casi todos”, “muchísimos”, “muchos”, “algunos”, “unos pocos”. No, él, desde esa potestad divina que se auto otorga, se atreve a incluir al conjunto “la juventud” dentro de un conjunto mayor llamado “las sectas y los fundamentalismos” (a esa segunda volveremos en otro momento) ¿Es consciente de la animalada que dice? ¿Vive esa criatura en el planeta Tierra o se maneja en un universo paralelo, adormilado por los vapores de los cirios y el empacho de cristo en forma de oblea de trigo candeal?
Amigo mío, de toda la juventud que conozco, y a estas alturas de mi vida he conocido unos cuantos, los que más cerca han estado del ámbito religioso eran y son los de los pueblos en sus fiestas patronales; y eso es así por el incremento de posibilidades de meter su cirio en algún candelabro caliente. La juventud, la de este país, a “la gran mayoría” (¿Ve el matiz cardenal?), la religión, no solo la suya, sino todas, les importan bien poco.
(2) Pero cómo se atreve a decir ese tipo con traje de noche que el analfabetismo de la cultura religiosa (aquí no matiza católica) incide en el nivel cultural de nuestra juventud. De qué enfermiza mente saca la idea de que con la clase de religión se pueden comprender contenidos de nuestra historia y de nuestra cultura.
Lo que se debería conseguir –si el sistema educativo público fuera correcto y no el taller donde adoctrinar a la futura mano de obra barata y sin criterio– es que a través de la cultura humanística los jóvenes vieran el alcance maligno de las religiones; de todas ellas. Porque una cosa que no debe olvidar el monseñor (sonseñor en mi caso) es que la única crisis de la Humanidad que ha tardado mil años en superarse fue la caída del Imperio Romano, y  eso fue así por la instauración del cristianismo y su teocracia que anuló toda posibilidad de acceso al conocimiento.

Otrosí es que desee abrir los ojos de esa juventud haciéndoles ver la connivencia que ha tenido su catolicismo con la destrucción de las Américas, la Alemania de Hitler, la dictadura de Franco y las de Sudamérica. Pero no es ese un jardín en el que desee meterse, ¿Verdad Lluís? Ni ese ni el tan manido de sus pedófilos, grandes enseñadores de la doctrina que tanto desea extender.



 CARTA
Aquests dies les famílies poden exercir un dret molt important: demanar la classe de religió catòlica per als seus fills. Aquesta matèria té molta importància per a l’educació, perquè ’educació que ofereix l’escola ha de ser integral i, per tant, ha de tenir present la dimensió religiosa i transcendent de la persona humana. Hi ha unes preguntes sobre el sentit profund de la vida que cap educador no pot oblidar. El Concili Vaticà II diu que «l’enigma de la condició humana arriba al màxim davant la mort. L’home no només és turmentat per l’augment del dolor i per la progressiva dissolució del cos, sinó també, i encara més, pel temor de la desaparició perpètua». Som creats a «imatge i semblança de Déu»; Ell, que és etern, ha posat en cada persona humana la llavor de l’eternitat i, per tant, de la transcendència. L’Església afirma que l’home ha estat creat per Déu i per a un fi feliç més enllà de la vida terrenal.
En formalitzar l’acte de matricular un fill a l’escola, les famílies catòliques han de demanar la classe de religió. Això és coherent amb la seva fe. L’escola ha de ser com la continuació de la família i és lògic que els pares catòlics desitgin que al centre escolar els seus fills tinguin classe de religió.
(2) Avui els infants i adolescents pateixen un analfabetisme de cultura religiosa, i això incideix en el seu nivell de cultura general, més aviat baix. La classe de religió contribueix que els alumnes puguin comprendre moltíssims continguts de la nostra història i de la nostra cultura, que estan teixides de continguts cristians. Difícilment es pot comprendre la nostra història, el nostre art i la nostra cultura si no es té un coneixement notable de la religió catòlica. Forma part de la nostra identitat. Què ofereix la nostra societat als adolescents i als joves? Quins valors seriosos i autèntics presideixen la seva formació i educació? La classe de religió i de moral catòliques són uns bons mitjans per a oferir coneixements i valors espirituals que són indispensables per aconseguir una autèntica i rica educació integral de la persona humana. Aquesta classe contribueix a una formació humanista que l’escola ha d’oferir i promoure. Un humanisme tancat, impenetrable als valors de l’esperit i a Déu, podria semblar un triomf. L’home pot organitzar la terra sense Déu, però, a la fi, sense Déu no pot menys que organitzar-se contra l’home. L’humanisme exclusiu és un humanisme inhumà.
(1) Les famílies que no desitgen gens de formació religiosa per als seus fills o l’escola que no en facilita es poden preguntar si l’atracció de la joventut vers les sectes i els fonamentalismes no és una conseqüència d’haver ocultat quelcom tan normal i humà com és l’experiència religiosa seriosa. Perquè no podem oblidar que tothom té una dimensió religiosa i transcendent.
Els joves aspiren a trobar valors sòlids i permanents que puguin donar significat i finalitat a la seva vida. Busquen un terreny sòlid, un punt elevat on arrelar. La classe de religió ajuda a trobar aquests valors que donen sentit a la nostra vida, satisfan el nostre desig innat de transcendència i enriqueixen la nostra cultura personal.
Estos días las familias pueden ejercer un derecho muy importante: pedir la clase de religión católica para sus hijos. Esta materia tiene mucha importancia para la educación, porque la educación que ofrece la escuela debe ser integral y, por tanto, debe tener presente la dimensión religiosa y trascendente de la persona humana. Hay unas preguntas sobre el sentido profundo de la vida que ningún educador no puede olvidar. El Concilio Vaticano II dice que «el enigma de la condición humana llega al máximo ante la muerte. El hombre no sólo es atormentado por el aumento del dolor y por la progresiva disolución del cuerpo, sino también, y aún más, por el temor de la desaparición perpetua». Somos creados a «imagen y semejanza de Dios»; Él, que es eterno, ha puesto en cada persona humana la semilla de la eternidad y, por tanto, de la trascendencia. La Iglesia afirma que el hombre ha sido creado por Dios y para un fin feliz más allá de la vida terrenal.
Al formalizar el acto de matricular un hijo en la escuela, las familias católicas tienen que pedir la clase de religión. Esto es coherente con su fe. La escuela debe ser como la continuación de la familia y es lógico que los padres católicos deseen que en el centro escolar sus hijos tengan clase de religión.
(2) Hoy los niños y adolescentes sufren un analfabetismo de cultura religiosa, y eso incide en su nivel de cultura general, más bien bajo. La clase de religión contribuye a que los alumnos puedan comprender muchísimos contenidos de nuestra historia y de nuestra cultura, que están tejidas de contenidos cristianos. Difícilmente se puede comprender nuestra historia, nuestro arte y nuestra cultura si no se tiene un conocimiento notable de la religión católica. Forma parte de nuestra identidad.
Qué ofrece nuestra sociedad a los adolescentes ya los jóvenes? ¿Qué valores serios y auténticos presiden su formación y educación? La clase de religión y de moral católicas son unos buenos medios para ofrecer conocimientos y valores espirituales que son indispensables para conseguir una auténtica y rica educación integral de la persona humana. Esta clase contribuye a una formación humanista que la escuela debe ofrecer y promover. Un humanismo cerrado, impenetrable a los valores del espíritu ya Dios, podría parecer un triunfo. El hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, al fin, sin Dios no puede menos que organizarse contra el hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo inhumano.
(1) Las familias que no desean nada de formación religiosa para sus hijos o la escuela que no facilita se pueden preguntar si la atracción de la juventud hacia las sectas y los fundamentalismos no es una consecuencia de haber ocultado algo tan normal y humano como es la experiencia religiosa seria. Porque no podemos olvidar que todo el mundo tiene una dimensión religiosa y trascendente.
Los jóvenes aspiran a encontrar valores sólidos y permanentes que puedan dar significado y finalidad a su vida. Buscan un terreno sólido, un punto elevado donde arraigar. La clase de religión ayuda a encontrar estos valores que dan sentido a nuestra vida, satisfacen nuestro deseo innato de trascendencia y enriquecen nuestra cultura personal.
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