¿Quién empieza la violencia y por qué? (1)

Los sucesos de ayer por la mañana en el Congreso de los diputados, con un Rajoy exultante y aplaudido tras abocarnos a la ruina más completa, con una gran mayoría de diputados de los partidos mayoritarios intentando congraciarse con él, como si ya previeran que va a ser el nuevo fürher de una España imperial y fascista. Los sucesos de ayer por la tarde, también en Madrid, en unas calles plagadas de fuerzas antidisturbios y en las que, mira que es casualidad, un pequeño grupo antisistema propició que los perros fueran azuzados y se lanzaran a morder. Dos casos extrañamente coincidentes pero que han propiciado que en medios de comunicación se hable en voz alta de lo mala que es la libertad para el obrero mientras, “sotto voce”, hablaban de las medidas que “necesita” el país. Una ejecución magistral de los principios 2, 3 y 4 de Goebbels.

Los sucesos de ayer, digo, a los que podría añadir mucha más sustancia en forma de acciones, detalles –La sorna con la que Aguirre habló de los mineros y el apoyo hacia ellos– , actuaciones en diferentes momentos y por parte de las diferentes castas que nos manejan a su antojo. Pero creo que lo dicho al comienzo sintetiza hasta qué punto está roto el “contrato social” en España, el débil pegamento que mantiene una mínima cohesión entre clases y gentes de un pueblo. Demuestran además hasta qué punto sigue vigente el problema de las dos españas y demuestra, para terminar, hasta que punto la Democracia ha muerto y ha sido sustituida por una Dictadura feroz que primero nos hirvió como ranas y ahora no piensa detenerse ante nada hasta conseguir la última gota de nuestra sangre.

Hay una frase, poco conocida, que define por qué a lo largo de la Historia todas las crisis, adobadas o no de masacres, se han ido repitiendo sin apenas cambios: Quien no conoce la historia se arriesga a que se repita. Ese es el miedo que deberíamos tener ahora para detenernos a planificar antes de actuar.

La carta que podréis leer al final resume cómo funcionaba en el cono sur la operación Cóndor. En ella se aplicaron con toda seguridad los métodos ideados por los franceses en la guerra de Argelia (terrorismo de estado) y fue financiada básicamente por EEUU y con algún más que probable asesoramiento de nazis exiliados en los diferentes países en los que se puso en marcha.

La carta en sí la descubrí allá por el lejano 1976 en “Libro de Manuel” una dura novela de Julio Cortázar. Habla de hasta que extremo se utiliza el terrorismo de estado contra los que no idolatran y aceptan la hegemonía del capitalismo salvaje. Y como era de prever desde entonces todo ha ido a peor, quién iba a ponerlo en duda. El último y espeluznante ejemplo lo tenemos en Guantánamo. Pero nadie nos garantiza que los psicópatas despiadados que mueven los hilos decidan repetirlo en Europa en general o en algún país del grupo “PIGS” en particular.

No vayáis a pensar que justifico ninguna ideología ni ningún acto terrorista, me parece una opción deleznable por las víctimas inocentes que causa, pero todavía me parece más injustificable que países que se llaman Democráticos, y entre los que incluyo a la actual España actúen como dije en primer párrafo: riéndose de aquellos que les votaron y sirviendo solo a una minoría putrefacta que aglutina a lo peor: Monarquía, iglesia y capital.

Éste es el texto de la carta. No os perdáis el párrafo en negrita:

Señora Aparecida Gomide,

Todo el mundo conoce su sufrimiento y su angustia. La prensa oral y escrita recuerda diariamente su drama: su marido, funcionario diplomático en el exterior, ha sido secuestrado y envuelto así en acontecimientos de índole política. Señora, no es usted la única que llora. Pero nadie habla de mi sufrimiento y de mi angustia. Yo lloro sola. No tengo sus posibilidades de hacerme oír, de decir a mi vez que «tengo el corazón destrozado» y que quiero volver a ver a mi marido». Su marido está vivo y bien tratado. Volverá a su lado. El mío murió en la tortura, asesinado por el Primer Ejército. Fue ejecutado sin proceso y sin sentencia. He reclamado su cadáver. Nadie me ha oído, ni siquiera la Comisión de Derechos de la Persona Humana. No sé lo que han hecho con él ni dónde lo han arrojado. Se llamaba Mario Alves de Souza, era periodista. Fue detenido por la policía del Primer Ejército el 16 de enero de este año, en Río de Janeiro. Lo llevaron al cuartel de la policía militar donde lo golpearon salvajemente toda la noche, lo empalaron con un bastón tallado en forma de sierra, le arrancaron la piel de todo el cuerpo con un cepillo de metal, porque se rehusaba a dar las informaciones exigidas por los torturadores del Primer Ejército y del DOPS. Los prisioneros llevados a la sala de torturas para que limpiaran el suelo cubierto de sangre y de excrementos, vieron a mi marido agonizando, la sangre que le brotaba por boca y nariz, desnudo en el suelo, ahogándose, pidiendo de beber. Entre risas, los militares torturadores no permitieron que se le prestara el más mínimo socorro.

Ya sé, señora, que no está usted en condiciones de comprender mi sufrimiento, pues el dolor de cada uno es siempre mayor que el de los demás. Pero comprenda, espero, que las condiciones que llevaron al secuestro de su marido y a la tortura mortal del mío son siempre las mismas: que es importante darse cuenta de que la violencia-hambre, la violencia-miseria, la violencia-opresión, la violencia-subdesarrollo, la violencia-tortura, conducen a la violencia-secuestro, a la violencia-terrorismo, a la violencia-guerrilla; y que es muy importante comprender quién pone en práctica la violencia: si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella. Su desesperación y su sufrimiento demuestran que su marido era un buen jefe de familia, que usted deplora su ausencia y que su vida es muy importante. También Mario Alves fue un buen jefe de familia, también él me falta. Tenía una hija que adoraba; era inteligente, culto, bueno; jamás hirió personalmente a nadie. Murió por amor a los oprimidos, a las víctimas de la injusticia, a los que no tienen voz y no tienen esperanza. Luchó para que los inmensos recursos materiales y humanos de nuestra patria fueran empleados en beneficio de todos. Deseo vivamente que se llegue a una solución feliz para usted, señora, y para los Tupamaros.

Firmado, Dilma Borges Vieira.

Fuente comparativa AQUI

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Horror, Lucha ciudadana, Respetabilidad Policial, terrorismo de estado. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a ¿Quién empieza la violencia y por qué? (1)

  1. Ernesta dijo:

    this is so beautiful i have to congratulate you for this.http://www.stanark.com

  2. Cíntia dijo:

    i love reading through your blog, thank you for sharing with us.http://www.outasiteweb.com

  3. Eunice dijo:

    nice post, i like so much, it’s the best information for me..http://www.carrosblindado.com

  4. Elisa dijo:

    we can notice you’re such a hard worker, good step for fame.http://www.wilkimedia.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s