La Revolución con cuentagotas

 A estas alturas no tengo claras muchas cosas, pero una que sí veo desde hace más de un año, y que se repite de modo invariable, es el hecho de que nos estamos moviendo a trompicones y según que cojón nos tocan. Hace algo más de una año escribí esta entrada en la que alertaba de que se empezaban a pedir cartas a los Reyes Magos y que podíamos terminar siendo tantos individuos como peticiones.

Ahora se ve que cada día, en ciudades indeterminadas (pero en Madrid sobretodo) , a diferentes horas, en distintos lugares y en función de a qué colectivo le acaban de tocar su bolsa de monedas, salen algunos de sus componentes a protestar. No muchos, que la mayoría están mejor en casa viéndolas venir.

Exceptuando a los mineros –porque donde hay cojones, orgullo de clase, sindicalismo de verdad y hermandad entre ellos uno no puede sino quitarse el sombrero– el resto nos estamos comportando como pequeño burgueses que salimos a quejarnos porque no podremos comprarnos el I-tepone 5 ni ropa de la marca “LoPijoMeVaNeng” ni podremos salir tres semanas de vacaciones, ni podremos aspirar a irnos a Japón o a las Galápagos. Conclusión: Nosotros, el famoso 99% somos un panda de gilipollas que hablamos mucho por a Red con nuestros Smart-Phones, tablets y mariconadas, pero que después nos vamos a la terracita a tomar la caña y la tapa.

Mientras, ellos, el poder, se hartan de reír. O no es para reírse dar un “Golpe de Estado silencioso” sin sacar a un militar a la calle, con el apoyo de la gran mayoría de partidos y la gente saliendo a quejarse solo a título personal y con cuentagotas.

¿Cómo podemos ser tan sumamente imbéciles? De lo que se trata es de que nos están robando el futuro. El dinero es importante, cierto, pero lo que nos roban es el futuro. El futuro de la Juventud, el futuro de nuestros hijos. La libertad de expresarnos y rebelarnos. Nos roban el futuro de la Educación de la Sanidad. Nos robarán el agua y nos robarán el aire si encuentran el modo de hacérnoslo pagar y nuestros hijos serán esclavos. Esclavos de los peores. Esclavos asalariados a los que putearán sesenta horas a la semana pero después mandarán a la calle a que se cuiden ellos por una miseria de sueldo. Y todo ello en un planeta moribundo porque nosotros, pequeños burgueses de mierda no hemos tenido cojones de salir a plantar cara e incluso a reventarlo todo si ello es menester. Porque si bien es cierto que una arribista triunfó con una frase que decía “Yo por mi hija mato” y nosotros babeábamos con ella, también lo es que a la hora de la verdad nos quedamos en casa planificando las vacaciones, quejándonos como viejas beatas viendo una obra de Miguel Ángel y abandonando a los niños y a la juventud a su mísera suerte.

Hemos de salir a la calle. Eso es una certeza. Pero hemos de salir todos. Y hemos de salir cada semana. Como mínimo un día de cada semana de todas las semanas y de todos los meses. No tanto para luchar contra los golpistas si no para ganar adeptos. Para que más y más gente se quite la venda de los ojos y “Actúe” y “Piense” y “Reaccione”. Y hemos de ser todos, hemos de ser capaces de colapsar las ciudades y los pueblos. Hasta que los dictadores se marchen o decidan matarnos, pero encontrándonos de pie y en la lucha. Debemos hacer ver a la policía (no todos son UIP), a los soldados, a los borrachos, a las amas de casa, a los peones, a las putas, a los parados… Debemos hacer ver que hay cosas “urgentes” la famosa crisis impuesta, pero sobre todo, que hay cosas “Importantes”, un futuro sostenible y viable para los niños y para los jóvenes que habitarán ese futuro que a nosotros nos vedará la muerte.

Pensad en escoger un color, el que queráis, y que la decisión la tome quien quiera. Pero el día que salgamos deberíamos llevar una ropa diferencial: El rojo de la sangre, el verde de la esperanza, el amarillo, blanco, negro, da lo mismo. Pero si todos llevamos el mismo color y somos “muchos” se nos ve, se nos distingue. Si nos distinguimos del resto y somos “muchos” daremos miedo a quien debemos dárselo. Mientras, haciendo la revolución con cuentagotas, a lo más que llegamos es a dar mucha risa y a que nos golpeen como si fuéramos muñequitas.

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8 respuestas a La Revolución con cuentagotas

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