¿Y tú que hiciste papá, saliste de Mátrix?

     Tras pasar diariamente unas cuantas horas frente a la pantalla de mi portátil –gran parte de mi trabajo personal lo realizo ahí– salgo de casa. Y a la que me cruzo con el primer grupo humano soy consciente de que acabo de entrar en “The Mátrix” y siento que me transmuto en Neo. Veo a mis iguales paseando, yendo a los centros comerciales, sentándose en las terrazas de los bares, a cualquier hora del día y aunque arda España entera.

     Veo todo eso mientras mi mente del mundo real sabe que, escudados en una extraña crisis que nosotros no hemos creado, nos están robando la Sanidad, la Educación, la Libertad, el Agua, el Futuro, y todo ello riéndosenos en la cara y golpeando en la calle a los pocos que nos pasamos a las filas de Morfeo y necesitamos protestar.

     Es así de simple, mientras nos mantienen en una ceguera mental inducida por los medios de comunicación audiovisuales, una serie de individuos llamados gobierno y escudados en una falsa legalidad –no en vano han incumplido todas y cada una de sus promesas electorales y deberían convocar nueva elecciones– están destruyendo el estado del bienestar de una manera fría, calculada y preñada de un cinismo que no se había visto ni en tiempos de la dictadura franquista. Un Golpe de Estado silencioso y sin armas. Un plan totalmente estudiado para repartirse el pastel de modo gratuito y cambiar, de paso, la vida tal y como la entendíamos: Medicina para quien pueda pagársela y Educación para la clase social dirigente. La idea: una élite que a nivel moral y humano se siente por encima de los demás y unos millones de individuos, tratados como lumpen social a los que utilizar a su antojo y como carne. Cuando, donde y como quieran.

     A pie de calle, por eso, la mayoría no sabe no contesta. Si escuchas hablar, oyes los consabidos tópicos del “a ver si acaba esta crisis”, del “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, del “a ver si lo solucionan”. Y llegamos por fin a los peores de todos, aquellos que, dándose cuenta de por donde pueden ir los tiros te responden “Nosotros no podemos hacer nada” ·¿Qué puedo hacer yo? “ o “¿Y qué se conseguirá con esto?”… Ni se les permite ver, ni su ignorancia les hará saltar jamás la barrera hacia la lucidez. Los únicos que podríamos hacerlo somos los que vivimos en la Red en lugar de promover de una vez y en serio la Desobediencia Civil.

     Estoy en un momento en el que ninguna opción tiene sentido para mi. Y cuando lo reduzco todo para tomar perspectiva veo:

     – de un lado, un pequeño monstruo de varias cabezas y un solo cuerpo que se ha permitido dar el golpe de estado silencioso y la mayoría de humanos han permanecido en sus casas, excitados por los éxitos patrios de unos futbolistas podridos de dinero; mientras el monstruo se ríe y sigue cogiendo el Futuro a manos llenas.

     – de otro lado, millones de cuerpos sin cabeza: 15M, DRY, Sindicatos, cada gremio al que le tocan el bolsillo, indignados en general que no hacen sino lo que ha hecho el pueblo en general, y el hispano en particular, a lo largo la Historia, moverse sin ton ni son y sin ningún sentido ni horizonte; mientras el monstruo se ríe y sigue cogiendo el Futuro a manos llenas.

     Me siento solo, lo reconozco. Porque creo que jamas, a lo largo de mi vida había vivido un conformismo tan grande, un aburguesamiento tan gratuito, un narcisismo tan insultante entre iguales ni una resignación tan extendida. Ni siquiera en la parte que me tocó vivir de la dictadura franquista. Nunca había conocido una población tan sumamente vacía, incapaz, cobarde y ciega. Y perdonadme que os hable de ese modo.

     No soy un revolucionario o un activista político, nunca lo he sido. Solo me considero un padre al que ya le han regalado dos nietos. Y son esos hijos y esos nietos los que me obligan a levantarme de la silla e intentar mi lucha aunque sea en solitario. Una lucha que me servirá para no haber de agachar la cabeza cuando dentro de unos años mis hijos me pregunten qué hice por su futuro. Y tal vez no consiga nada. Pero me conformo con no llegar a sentir vergüenza de mi mismo. A mi, con eso, ya me vale.

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2 respuestas a ¿Y tú que hiciste papá, saliste de Mátrix?

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