El día de San Valentín

Bienvenidos al día de San Valentín. Uno de los dos días de año en el que debemos amar a nuestras parejas por ley y mandato casi divino. Tanto da que durante los 363 días restantes pasemos de nuestras parejas salvo para el par de rápidos polvos semanales, eso no tiene importancia en un día tan señalado como hoy.

Hoy debemos obligarnos a amar más allá de las paredes de nuestro tálamo. Es un día de flores, plantas, árboles, bosques o junglas, cada cual cuantifique la cantidad de amor, en forma monetaria y consumista, que le debe a su pareja.

Porque sí, porque es así. Hoy debemos amor. No es día para regalarlo ni es posible repartirlo entre los 364 días restantes. El catorce de febrero es un día de amor en formato sólido y público. Es obligatorio, si amamos de verdad, manifestarlo por la calle con objetos visibles para que el mundo lo vea y nos envidie, para que las vecinas cuantifiquen por tamaño o valor el amor hacia otras, como una alegoría del tamaño del ego (aunque pueda subyacer una comparación más freudiana).

Para muchas mujeres ha de ser terrible en un día como hoy darse cuenta de ciertas cosas: ver que su amante esposo solo la ama 30 € en forma flor mientras a la vecina del ático el suyo la ama 3000 en forma joya ¿Qué debe sentir esa pobre mujer? ¿Que su coño está devaluado en relación al otro? Pues sí, señora, según están las cosas eso debe ser así. De nada vale que su esposo sea buen compañero, gentil amante o padre dedicado. Cometió el error fatal de errar en el monto económico, su balanza del cariño dio un terrible fallo de medida y eso la pone a usted en una situación incómoda a nivel social.

Lo siento tanto por las pobres mujeres que no recibirán pago económico alguno por su cariño, incluida la mía, no nos engañemos. Me duele en el alma no saber cuantificar mi cariño ni comprar a mi pareja como a una puta de lujo. Desde que decidí que amar era regalado, sencillo y gratificante he perdido la capacidad de sopesar ese sentimiento con papel moneda.

Tristemente, ahora soy de los que piensa, tal vez de forma errónea, que las flores de San Valentín no pueden con el amor.

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