Orgulloso de ser catalán

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Quede claro que ser catalán no es nada del otro jueves, se nace donde se tiene la suerte o la desgracia de nacer y punto. Eso lo tenemos bastante claro los que amamos a nuestra tierra y no estamos limitados mentalmente por fronteras, patrias o banderas. Pero a pesar de ser capaces de mirar al horizonte y ver a lo lejos, también somos conscientes de que algo sucede dentro de los límites de nuestra tierra, algo que nos hace sentirnos orgullosos de ser como somos. A mí, al menos, me sucede.

Estoy orgulloso de ser catalán porque por mi tierra han pasado: íberos, celtas, fenicios, griegos, romanos, visigodos, moros, judíos, andaluces, gallegos, murcianos, extremeños, aragoneses, colombianos, argentinos, ecuatorianos, pakistaníes… y ser un poquito de cada una de esas culturas es algo que sé que me enriquece enormemente.

Estoy orgulloso de ser catalán porque una de nuestras principales fiestas está dedicada al Libro. Objeto, gracias al cual, el ser humano ha podido transmitir el Conocimiento a lo largo de la Historia y una de cuyas utilidades es alejarnos del Provincianismo.

Estoy orgulloso de ser catalán porque la danza que representa a mi tierra es de las pocas en las que todos, hombres y mujeres, bailan entrelazando sus manos hasta formar un círculo, figura representativa de la igualdad. Y no escondo su origen bizantino ni me la atribuyo como propia, pues ya dije al principio que aquí estamos alimentados de mil leches.

Estoy orgulloso de ser catalán porque mi tierra inventó “els castellers” un ejercicio en el que desaparece el individuo y la competencia para que triunfe el grupo y la cooperación, dos de las mejores armas que tenemos los humanos para crecer como tales.

Estoy orgulloso de ser catalán porque en mi tierra una de las primeras enseñanzas que recibimos es el bilingüismo, y eso es algo que nos cura, aunque sea un poquito, de la terrible enfermedad del “Provincianismo”. Y nos enseña que quien teme a una lengua teme a una cultura, que quien odia una lengua odia a una cultura, que por cada palabra que muere muere una idea y que las ideas, con la palabra como símbolo, son las que nos convierten en Humanos.

Estoy orgulloso de ser catalán porque a lo largo de la Historia y por veces que unos u otros lo hayan intentado, hemos conseguido forjar y mantener una idiosincrasia propia que readaptamos a medida que nuevas gentes vienen y se integran en nuestra tierra.

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