Cuando ya nada nos sorprende (una civilización de Zombis)

Un compañero de la Red y gran fotógrafo: Marcello Scotti, publica una preciosa entrada en su página de Facebook, la reproduzco a continuación:

Envejecemos cuando perdemos la capacidad de sorprendernos.

Por alguna extraña razón, entre otras tantas cosas raras de nuestra civilización post-moderna, da cierta imagen de seguridad personal el no mostrar sorpresa ante nada. Lo más grave no es que nos fastidiemos la bellísima capacidad de sorprendernos ante la miríada de cosas fabulosas que nos pone ante nosotrosla realidad de la vida y el Universo, no … no … no …. Peor aún es que les transmitamos esto a nuestros hijos.

Deberíamos mostrarles con nuestro ejemplo (nada de leérselos en un libro o darles un sermón de vida) que cada nuevo día es algo que vale más que cualquier castillo o cuenta bancaria. Esta cuenta bancaria no nos comprará un nuevo día cuando vivamos nuestro último día en este mundo.

No es cierto que hayamos dejado de sorprendernos debido al alud de maravillas que casi que nos agobian por su cantidad y deslumbramiento día a día. No es cierto.

Las mentes más brillantes, los seres humanos más luminosos, esa gente especial que de un modo u otro (público o desde el anonimato) aporta algo a la Humanidad, son siempre gente que no pierden la capacidad de sorprenderse cada día con la maravilla de la vida y el Universo que nos rodea. Y en su capacidad de sorprenderse, no dejan de esperar y luchar por algo nuevo y mejor, más elevado. Sin capacidad de sorpresa ante las cosas más “evidentes”, no hay ilusión, no hay progreso, ni haremos un mundo mejor.

No dejemos de sorprendernos … el mundo que nos rodea y donde solo estaremos un brevísimo tiempo, es incomparable e irrepetible. Los seres humanos que dejamos de lado y en los que nos da hasta pereza pensar (cuando no vergüenza) nos sorprenderían al punto de cambiar nuestras vidas y volverlas especialmente intensas.

La belleza de una sonrisa _ Fotografía de Marcello Scotti

La belleza de una sonrisa y de una mirada – Fotografía de Marcello Scotti

Esas palabras me llevaron a preguntarme ¿Por qué hemos perdido la capacidad de sorprendernos? Pienso que es porque nuestra Sociedad, la occidental, la rica y opulenta, está infectada hasta sus mismas cloacas de Narcisismo. Nos hemos vuelto tan narcisistas que apenas nos queda la capacidad de percibir lo que nos rodea, encerrados en los minúsculos mundos de nuestros “yo”, y eso nos ha atrofiado los órganos sensoriales de tal modo que solo son obedientes receptores de la uniformidad de pensamiento y actuación que nos marcan los medios de comunicación del Sistema.

En este punto, oímos voces y escuchamos palabras, pero no entendemos lo que nos dicen, pues estamos demasiado absortos en escucharnos a nosotros mismos. Miramos las cosas y a la gente, pero ya no sentimos empatía por nada ni por nadie, pues nuestros ojos solo se posan sobre las “cosas” que deseamos, bien sean objetos o personas.

Fotografía de Núria Mayor Valverde

Lago de cristal – Fotografía de Núria Mayor Valverde

Por eso no nos sorprende el estallido de colores que ofrece un bosque en otoño ni una nube diluyéndose sobre el azul del cielo. No nos sorprende la ingente cantidad de luz que puede contener una noche estrellada (quien haya estado en el desierto sabe de qué estoy hablando) y la sensación de pequeñez y levedad que transmite. Como tampoco nos sorprende el dolor ajeno ni la belleza de una mirada. Solo sabemos ver un cuerpo deseable, pero no percibimos lo que pueda contener de hermoso. Miramos obras de los genios de la Pintura, pero no sentimos en nuestro pecho la opresión que puede provocar su belleza. Oímos sonidos, canciones, palabras; pero no nos quedamos paralizados al escuchar una obra musical ni nos asoman las lágrimas a los ojos ante la belleza de un poema.

Los pequeños estímulos que nos quedan los malgastamos extasiándonos ante máquinas y objetos -vulgares artefactos humano, por más que se digan marcas, lleven caballitos, boomerangs o manzanas mordidas- porque para nosotros esos son ya los únicos símbolos de la Felicidad que nos permitirá poseer aquello que otros no poseen; demostrar al resto de humanos que nuestro coche es más… Que nuestra casa es más… Que nuestro móvil es más… Que nuestra hembra es más… Que cada “yo” es más que el resto de “yo” pues tal es nuestra vacuidad humana que necesitamos cuantificar pues ya olvidamos el acto de cualificar.

Y si nos entregamos de manera irremediable a la cuantificación, pronto no podremos sorprendernos por la calidez un color, el color de un sonido, la música de una palabra o el lenguaje de un ser humano. Si nos entregamos de manera irremediable a la enfermedad del Narcisismo seremos zombis, algo que no deja de ser curioso en una época en la que los medios audiovisuales han puesto tan y tan de moda las series y filmes basados en los muertos en vida ¿Será algo estudiado previamente para que aceptemos nuestro destino como borregos? ¿Qué opináis vosotros?

 

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2 respuestas a Cuando ya nada nos sorprende (una civilización de Zombis)

  1. whiralais dijo:

    Muy bueno y tristemente cierto, al menos en la mayoría.

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