El mayor descubrimiento de la Humanidad (una opinión)

Fotografía: Marcello Scotti

Fotografía de Marcello Scotti – http://www.marcelloscotti-bcn.blogspot.com

Muchas veces nos preguntamos cuál debe haber sido el descubrimiento más importante de la Humanidad. Una decisión difícil, no cabe duda que comporta una alta dosis de subjetividad, pues no podemos evitar que nuestro bagaje cultural y profesional tenga mucho que ver en ello. Un matemático puede juzgar como descubrimiento maravilloso que los egipcios conocieran la relación 3-4-5 en una cuerda cerrada y con 12 nudos; aplicándola, obtenían un ángulo recto que les permitía hacer pirámides perfectas. Para un ingeniero podría ser la palanca y para un letrado el código de Hammurabi. Es complicado ponerse de acuerdo, pero es cierto que los hubo de gran importancia para nuestro éxito como especie.

Uno de ellos fue el fuego. Dominarlo, nos permitió protegernos de las fieras y cocinar los alimentos, eliminando con ello muchas de las bacterias nocivas que debían mermar a la población.

Otros hablan de la rueda. Disponer de ella permitió el transporte de cargas más pesadas a lugares más remotos y de una forma menos dolorosa para las espaldas de nuestros antepasados.

La escritura fue vital. Con ella pudimos dejar constancia de nuestras experiencias y aprender de la de nuestros antepasados para no repetir los mismos errores —a pesar de que nos esforcemos en reiterar el Error—.

Podríamos hablar de máquinas simples como el tornillo y la polea. Podríamos indagar sobre la importancia de ciertas herramientas como la aguja, que permitió coser pieles que mitigaran el frío extremo de la época helada que nos tocó vivir. Incluso podríamos darle importancia a las armas, que llevaron al descubrimiento del hierro, el cobre, el bronce… y a matarnos los unos a los otros.

Pues a pesar de todos esos descubrimientos yo, en mi ignorancia, escogería uno de los que apenas se comenta. Pero antes de hablar de él deseo establecer una premisa previa: para llegar a la mayoría de los avances mencionados fue necesario un componente previo que liberara a la Inteligencia: Tiempo. Y eso era algo de lo que los primeros humanos no disponían, pues debían dedicar la mayoría de recursos y energía en buscar el alimento.

Es en este punto cuando aparece la protagonista que cambió el curso de la Historia. En algún campo del creciente fértil, hace ahora unos diez o doce mil años, un grupo de mujeres recogerían granos de cereales silvestres. Su tribu se habría asentado en esa zona y mientras hubiera bayas, frutos, insectos y cereales silvestres, mantendrían su campamento. Los hombres, mientras, dedicarían sus esfuerzos en cazar los animales que pudieran, para nutrirse al máximo mientras fuera posible.

Esa mujer anónima, tal vez abuela, liberada de la servidumbre de los hijos, debió preguntarse qué sucedía con esos granos que caían en el suelo, recordando que de una estación a otra y en los mismos lugares, aparecían de nuevo esos campos sembrados con los mismos nutritivos vegetales.

Esa mujer anónima debió pensar que el alma de la futura planta estaba contenida en cada uno de los granos. Decidida, debió llamar a una de sus compañeras y pedirle un poco de trigo, maíz o arroz. Debió cogerlos y echarlos en algún lugar apartado. Con toda seguridad, debió marcar ese pequeño espacio con piedras o con algún palo en alto; cualquier señal  que le confirmara que era allí y no en otro sitio donde estaba realizando tan importante experimento.

La imagino yendo día tras día. Imagino tardes lluviosas alimentando aquella tierra sedienta. La imagino paciente y tenaz, manteniendo esa pizca de ilusión tan necesaria en épocas tan duras. La imagino, al fin, llorando postrada de rodillas ante aquel círculo de piedras cuando descubrió, por primera vez en la Historia del ser Humano, que unos débiles tallos con hojas diminutas brotaban del subsuelo de forma voluntaria.

Aquella hembra de homo sapiens, aquella Mujer, acababa de descubrir la Agricultura y con ella nos convertía en seres sedentarios liberados de la servidumbre de la búsqueda continua del alimento. Nos acababa de regalar el bien más preciado del que se nutrió la Civilización: “El Tiempo”. Y con él la posibilidad de ampliar nuestro universo personal y colectivo hacia una mejora continua que, con mayor o menor suerte, nos ha traído hasta el Ahora en el que nos encontramos.

Fotografía de Marcello Scotti – http://marcelloscotti-bcn.blogspot.com.es/

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2 respuestas a El mayor descubrimiento de la Humanidad (una opinión)

    • Manel Artero dijo:

      Hola Marcello,
      Grandioso el video texto. Si puedo escribir la entrada que te comenté lo integraré en él. Será un valor añadido.
      Por cierto, preciosa voz y declamación perfecta.

      Un abrazo,
      Manel.

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