Del #Madrid2020 al #MadridArena y viceversa

Los medios afines a la caspa hispana —prácticamente todos, con la Razón a la cabeza— han clamado al cielo y han culpado al mismísimo Belcebú por la afrenta de desestimar la candidatura olímpica de Madrid 2020. Según ellos ha habido desde manos negras hasta “es que el profe me tiene manía, mamá…”.

La caspa hispana, la que no ve porque los cojonazos del toro de osborne le tapan la visión, seguirá preguntándose durante mucho tiempo por qué esa terrible desgracia se cierne sobre Madrid; si incluso Alejandro Blanco, el jefe de la Delegación, declaro antes de la debacle que Dios va con Madrid 2020.

Pues o bien será que su dios vive rascándose sus inabarcables testes o es que cabría que se hicieran alguna reflexión de índole personal.

Preguntarse por ejemplo:

¿Cómo confiar en Madrid para la realización de unos juegos olímpicos? Una ciudad gestionada como el latifundio particular de una serie de criaturas sin ética ni vergüenza alguna. Una ciudad tratada como un tablero del “Monopoli” en el que solo juegan unos pocos para repartirsela sin pudor alguno. Un páramo de incompetencia. Una ciudad en la que la conjunción de todo lo anterior generó una desgracia que parece haberse olvidado y que se conoce como: “Madrid Arena”.

¿Cómo confiar entonces en Madrid para la realización de unos juegos olímpicos? Con ese caso vomitivo de amiguismo que costó la muerte de tres jóvenes rondando por la mente de los miembros de COI cuando se imaginen grandes estadios llenos de gente.

Por más que hablen los que han hablado —deportistas aparte, pobres engañados—, sea en castellano, en inglés o en ridículo, todos los que les escuchaban sabían que cada una de sus palabras eran una completa mentira. Porque la Mentira sistemática es lo que está instalado en la actual gerencia de Madrid y de españa. Que aquí se las creyeran unos pocos millones de ignorantes y les regalaran el país como sucedió con Hitler, perfecto; pero que no se piensen que fuera, y después de la ingente cantidad de mierda que han vertido en todos los lugares en los que han aparecido, les vaya a creer nadie. El único rédito que les queda hoy, tras el fiasco, son los cuatro casposos añorantes de su españa carpetovetónica a la que desearían volver. Pero esa negativa del COI es una buena premonición de que el fin está cerca.

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