Me es imposible sentirme español

Ante todo decir que me reconozco catalán y catalanista, siempre que a esta última palabra se la tome en su exacto significado. Porque el sufijo “-ista” esconde una intención de seguimiento basado en la fe que no concibo ni puedo digerir. En todo caso acepto esa desinencia en los casos en los que aplico el prefijo “anti” como negación formal de que no seguiré aquello que se intercale entre ambas. Un claro ejemplo es decir que me considero anti-españolista.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

¿Por qué me considero de ese modo? Primero porque no concibo el actual e impuesto concepto de España. Considero que es un engaño a la inteligencia mantener la unión de algo que de manera histórica utiliza como adhesivo la amenaza, la violencia y la subyugación. Y por el modo de proceder de la masa casposa de la triste españa, ese es el sistema que se empecinan en seguir utilizando.

Sé que lo realmente positivo para todos sería una península ibérica unida. Tontos seríamos si no supiéramos, a estas alturas de la Historia, que “la unión hace la fuerza”, pero ahí topamos con hueso. Qué unión, a costa de qué. Qué coste debe tener esa unión (léase desde ahora de forma interrogativa): Nuestra renuncia a una cultura y un idioma propios a los que amamos. Nuestra participación solidaria para ser igualmente señalados y cuestionados (fin de la lectura interrogativa).

No, no me pidan que me considere españolista ni español en una españa como la que devino tras el golpe de estado cruento perpetrado por una horda de rebeldes y comandada por el general Franco, asesinos afines e iglesia católica.

 

No deseo formar parte de un país que, por más que duela, es multicultural, pero cuya férrea ignorancia persigue terminar con cualquier identidad que no sea el españolismo cerril que se sintetiza en el vomitivo “hablemusté’n cristiano”.

No deseo formar de un país de siervos que acepta sin chistar a una pútrida nobleza —Véanse casos como la familia de Alba y otros grandes de españa— y a una monarquía desfasada, corrupta e impuesta por el sanguinario dictador.

No deseo formar parte de un país que se identifica con la silueta negra del toro de osborne, ni por lo que el toro significa ni por lo que ese apellido significa: la tortura animal como anestesia del sadismo hispano y la imagen del señorito andaluz que pasea a caballo pavoneándose ante su gleba (algo que retrató de forma magistral Miguel Delibes en “Los santos inocentes”).

No deseo formar parte de un país de aborregados paseacristos, cuyo mayor afán es entregar la vida a las procesiones semanasantinas,  comehostias manipulados por una iglesia católica, fundamentalista y enferma a la que se le permite desde la pederastia más criminal hasta la misoginia más abyecta y la homofobia más cerril sin que ningún español ponga el grito en el cielo.

No deseo formar parte de un país en el que no se juzga a los asesinos y criminales fascistas que causaron el atraso de setenta años en el que seguimos inmersos; y donde se permite que las cunetas sigan repletas de fosas comunes impidiendo que las heridas de la guerra civil, las del bando perdedor, se entiende, no se cierren jamás.

No deseo formar parte de un país que, llevado por su endémica ignorancia, ha entregado el poder absoluto a los descendientes de aquella caspa fascista nombrada antes.

Ya ven que no pido mucho.

Solo desearía pertenecer a una España culta, en la que “ser” estuviera por delante de “tener”, en la que la envidia y la calumnia no fueran el deporte nacional y en la que la cooperación estuviera por delante de la competencia; desearía pertenecer a una España defensora de los derechos de “todos” sus ciudadanos y con unas leyes que hicieran honor a la palabra Justicia; desearía una España republicana, liberada del signo de decrepitud que representa su monarquía, desearía pertenecer a una España laica en la que cada cual, en su casa o en su templo (financiado por sus acólitos) profesaran culto a los ídolos que les diera la gana, sin injerir en el estado y la sociedad.

Pero me han obligado a pertenecer a esta españa de charanga y pandereta que tan bien define Antonio Machado en ese poema, y eso me impide sentirme español, a pesar de no sentirme catalanista ni independentista, ni europeo…

Pero en mi necesidad de pertenecer a algún lugar, permítanme al menos ser catalán.

Esta entrada fue publicada en Artículos, Confesiones, Opinión y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Me es imposible sentirme español

  1. Enigma dijo:

    Al igual que el millón largo de nativos que han tenido que emigrar para subsistir en otro país…
    Dios regalo el mundo y poderoso se inventó fronteras…

    • Manel Artero dijo:

      Así es este páramo peninsular. Una tierra de “huyentes” y de “anclados” (por las razones que sean: sangre, cobardía…)
      Pero cada vez tengo más claro que no es una tierra amada. No mientras no termine esta guerra insana entre la cordura y la locura, entre la inteligencia y la ignorancia, entre los que pasean a cara descubierta y los nazarenos.
      Gracias por tus comentarios.
      Un saludo.

  2. Pingback: Catalanisme de saló i banderetes al balcó | El Día a Diario

  3. Pingback: Catalanismo de salón y banderitas en el balcón | El Día a Diario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s