Los Impuestos: nuestra inacción nos convierte en cómplices

El problema con nuestros impuestos ya no es que se tiren en un ejército cuyas únicas victorias han sido masacrar a sus conciudadanos, pues en las guerras dirimidas fuera de españa han perdido siempre tras hacer el mayor de los ridículos.

El problema ya no es tirarlos en una monarquía corrupta y obsoleta cuyo único éxito es cazar elefantes, robar dinero público y hacerse la foto de navidad.

El problema ya no es tirarlos en una iglesia fundamentalista, que lo dedica, y en el nombre de su dios, para actuar en nuestra contra entrometiéndose en los quehaceres del estado, cuando deberían dedicarse a rezar en sus templos y violar a los hijos e hijas de sus obnubilados creyentes.

El problema ya no es hinchar las gordas barrigas de los banqueros, que se dedican con nuestro dinero a comprar la sangre futura de nuestros propios hijos a los que, desgraciadamente, veremos convertidos en siervos, sin poder llorar por ellos porque nuestras lágrimas ya no nos pertenecerán.

El problema ya no es alimentar a miles de incompetentes llamados “políticos”, ni a sindicatos (putas mantenidas), ni a patronales, ni a empresas públicas creadas para retiros de inútiles indecentes que la chuparon bien en su momento.

 La indignidad se desborda por completo cuando aparecen imágenes como estas en las que tomamos conciencia de la cantidad de “dinero” destinada a enviar a las alimañas uniformadas para echar a personas de su hogar. La indecencia del estado en el que tenemos la desgracia de vivir que nos convierte en cómplices de la ignominia, de la vergüenza de pagar con nuestro dinero a unas criaturas adoctrinadas que, no solo revientan órganos cuando golpean por las calles, si no que ahora se dedican a ejercer de brazo secular y efectuar las peores bajezas del sistema pútrido que representan y que ha infectado todas las esferas de poder de españa.

Porque nuestro dinero no va para los tratamientos del cáncer ni a paliar el dolor, quien sea pobre y tenga cáncer que se joda.

Porque nuestro dinero no va para ayudas sociales que impidan el hambre de los niños. Si son pobres y no tiene para comer, que se jodan.

Porque nuestro dinero no va para la educación de nuestros hijos, los hijos de los pobres deben hacer lo que se ha hecho siempre, educados en las calles y que se jodan.

Porque nuestro dinero no va a invertirse en ciencia, en ser punteros de energías alternativas, en prepararnos para un futuro de calidad. El futuro que nos preparan es el de los casinos, los prostíbulos, las mafias y la violencia. Qué te toca ser de los pobres, pues que te jodan.

En 1846 Henry David Thoreau (autor de “Sobre el deber de la desobediencia civil”) se negó a pagar impuestos. Se oponía a que su dinero se destinara a la guerra contra México y a la esclavitud en EEUU, razón por la que fue encarcelado. Pocos de nosotros tienen cojones de actuar como lo hizo él, pero siempre se pueden hacer cosas. Lo que no debemos hacer es quedarnos callados y en casa esperando que el dios de los gilipollas pollargaos en el sofá baje a milagrear y expulse a todos los indecentes de la Sodoma en la que han convertido españa.

Es necesarios echarle huevos y salir a las calles, todos.

Comenzar la Desobediencia civil

Porque nuestra inacción nos convierte en cómplices de todas y cada una de esas vergüenzas.

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