¿Quién debe sentirse solo?

Para el ojo poco adiestrado es posible que la respuesta sea: “la violinista”. Todo el mundo pasa por su lado sin atender, salvo los niños, pobres inocentes que todavía no han aprendido de sus mayores. Y ahí se la ve todo el rato aferrada a su violín.

Pero, ¿seguro que es la violinista la que está sola? Permitidme dudarlo.  Alguien con capacidad para abstraerse de esa geografía cotidiana de terror y tedio, con capacidad para entrar en el universo sensitivo de la Música, interpretándola desde esa bioquímica extraña conocida como alma, es evidente que no está sola. Nunca lo estará. Tarareará a Beethoven, pensará en el adagietto de la 5ª de Mahler, se sumergirá en la evocación de las suites para violoncelo de Bach o reconstruirá imágenes esteparias mientras recuerda los coros de Alexander Nevsky. Imposible. Su soledad solo sobrevendrá si ella la busca y la desea. Porque incluso en el momento más atenazante de tristeza podrá tomar el violín entre sus manos y revivir el adagio para cuerda de Samuel Barber. Y si el violín le pide alegría, se lanzará como los niños a interpretar a Vivaldi. Y si necesita elevarse por encima del mundo podrá enfrentarse a la Chaconne de Dios Bach.

¿Quiénes son realmente los solitarios, los abandonados, los tristes, los pobres, los ignorantes, los ciegos, los estúpidos… en ese vídeo? Sí, a pesar de que se sonrían, de que se sientan por encima o más allá de… los solitarios entre la masa son los que pasan por su lado incapaces ya de percibir nada que no sea su pequeño mundo narcisista del que no ven más allá de sus apéndices más prominentes, pues nada más existe salvo sus micro nadas. Ya están adoctrinados.  Por esa razón nunca serán capaces, como les sucede a los niños o a la intérprete, de sentir a través del sonido, de vibrar viendo caer las hojas de los árboles, disolverse una tenue nube en el cielo o calculando las futuras formas de las ondas del agua de un lago. Solo aquél que mantiene el alma del niño: ilusión, curiosidad, empatía, juego… será capaz de pervivir mientras los demás sobreviven.

El experimento de Joshua Bell

Es evidente que nadie lo sabía, pero el músico callejero era Joshua Bell, uno de los grandes violinistas de la actualidad. Una de las piezas que tocó era la célebre Chaconne de la partita número 2 de Bach y la interpretó con su violín, un stradivarius valorado en  3,5 millones de dólares.

El experto Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EE UU, había previsto que el músico recaudaría unos 150 dólares y que, de mil personas, unas 35 se detendrían haciendo un corrillo, absortas por la belleza. Hasta un centenar, según Slatkin, echaría dinero en la funda del violín. Pero eso no fue lo que ocurrió, a los 43 minutos de las 1.070 personas que habían pasado ante él, sólo 27 le habían dado dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y solo una persona pareció reconocerle.

¿Sabemos ver algo más allá de lo que nos publiciten los medios? ¿Somos capaces de percibir la belleza o solo acudimos como borregos a comprar los libros que publica una ignorante y acudimos a conciertos de famosetes de programas berlusconianos de la televisión? Nos hemos embrutecido a un nivel tan elevado que apenas recordamos ya que una vez fuimos humanos.

Y a pesar de todo, si algo puede salvarnos, es el reconocimiento de lo bello, la Solidaridad y la Cooperación.

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