Hermosa desconocida de mi ciudad

Un rincón literario

Podría ser un cuento, una historia bonita que contar al calor del hogar. Pero tuve la suerte de vivirla en primera persona. Dice así.

Andaba por mi ciudad caminando a toda prisa —siempre se establece la prisa por más que la rehúya—. Me movía sin apenas pararme a mirar nada ni a nadie. Debía resolver un asunto y llegaba tarde.
Al pasar a la altura de una mujer joven, una trabajadora del servicio público de limpieza, levantó la cabeza me miró, me sonrió y me dio los buenos días. Yo se los devolví acompañados también de otra sonrisa y ambos continuamos con nuestros quehaceres.
Al cabo de unos minutos del suceso, lejos ya de donde se produjo el evento, caí en la cuenta de que mi cara era una sonrisa abierta en cuyo centro se ubicaba una nariz demasiado grande, pero mía a mi pesar. Aunque fuera de plazo…

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