Bancos y petroleras financian a la Puta de Babilonia

Parece que los grandes bancos y las grandes corporaciones ya cogen al mismo Dios por los omniscientes cojones, se anteponen a Cristo y se apresuran a convertir el Vaticano en un circo romano.

Hasta puedo imaginar algo parecido a un cuento, la escena de una reunión de alto nivel entre los gerentes del mundo y el Creador, su nuevo “invitado”, que podría ir de este modo:
Los Amos: « ¿Qué pasa contigo Dios, no te financiamos las canonizaciones, no tiene metida la Mafia toda su fortuna para que la financie tu banco? »
Dios: «Ya, pero es que la bondad…»
Los Amos: «Qué bondad y qué cojones. Nos debes favores. »
Dios: «Pero es que yo os he creado…»
Los Amos: «Tú no has creado una mierda. Empezarías el negocio, pero nosotros lo hemos levantado. »
Dios: «Ya claro pero con ese dinero, el hambre, la pobreza…». Seguiría respondiendo un Dios títere.

Pero no debemos extrañarnos, al fin y al cabo, los medios de comunicación de masas ya pertenecen a los Amos; el paso lógico, entonces, es apoderarse de los medios de comunicación divinos. Los tiempos cambian y hemos de adaptarnos a ellos. En esta vuelta a una nueva Edad Media los señores feudales se habrán sustituido por presidentes de corporaciones y los castillos de antaño por mansiones de lujo en islas remotas. Lo único que apenas cambiará serán los perros uniformados que habrán de mantener a raya al populacho, y el Dios catolico, que volverá a defender a ultranza la necesidad de una vida mísera para ganar ese cielo al que el siervo aspira.
Incluso cabe pensar que ahora, con la nueva modernidad, la antigua sangre de Cristo se sustituya por el Divino Refresco de cola y que en los cálices aparezca rotulado su nombre con letras brillantes, pues, «Al fin y al cabo lo importante no es el tipo de líquido sino el misterio. La sangre de Jesús la ponemos donde nos sale de los cojones», dirán los responsables de marketing.
Y por qué no, que la antigua oblea de trigo candeal se sustituya por esa cosa llamada “muffin” que hasta hace poco se conocía como “madalena”, y que alguna cadena de televisión, propiedad de alguno de esos bancos financiadores, presente un concurso de cocina que se llame: “Monjitas a hostias” para conseguir la mejor versión del soporte divino para la transubstanciación.
Lo importante es mantener al siervo, al pobre simple, ignorante y entretenido.
En otro avance sin precedentes puede suceder que la misa sea obligada para que el mensaje de los Amos, a través de la voz de Dios, obediente, llegue a los siervos canalizada por el Papa y resto de secuaces. ¿Y la confesión? También, por supuesto. Sería el canal inverso, el modo por el que las críticas y debilidades del pueblo llegarían, a través de Dios, a los Amos del mundo para que decidieran qué hacer con los espíritus díscolos.
Esta vez ni siquiera hará falta que las tribus de las estepas asiáticas desplacen en masa a las distintas tribus. Ya nos han traído suficiente miseria como para que nos matemos entre nosotros. Lo que es evidente es que la Gran Puta de Babilonia se abre de piernas una vez más para darnos a entender que pronto viviremos una nueva Edad Media en la que todo se reducirá a cenizas para renacer o desaparecer.

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