Valor y Precio (un matiz que nos confunde)

Ayer llovió como si el cielo supiera de nuestras necesidades y esta mañana se respiraba limpieza, sosiego y paz. Mientras estaba en la calle esperando a un compañero para ir a resolver un pequeño problema he caído en la cuenta de un olivo que había en un patio cercano. 
Imaginaos la escena cuando lo he mirado: el frescor de la mañana, esa luz nítida de después de la tormenta y los rayos de sol incidiendo en las ramitas del árbol y creando cientos de perlas luminosas que lo adornaban. Y yo, un vulgar sapiens, viendo toda aquella maravilla desde la primera fila de una platea imaginaria.
Después, resuelto el problema y ya de vuelta a casa, he pensado: hoy, en un tiempo de idolatría al dios dinero, de encumbramiento de la economía y de sus gurús, los economistas, una época en la que todo es susceptible de generar un apunte contable; Un momento histórico tan absurdo en el que ya somos incapaces de discernir entre lo Importante y lo Urgente ¿Qué precio tiene un instante como ese?
No he hallado respuesta. Al no ser ninguna de las maravillas que se pueden ver por Abu Dabi, al no tener marcado a fuego ningún boomerang ni una manzana mordida, al no salir en ningún programa de prensa amarilla y al no ser ningún producto de lucimiento personal, he deducido que esa visión no tenía precio, aunque sí un valor incalculable para mí. Claro que esa es una valoración totalmente subjetiva. Igual si hubiera ido absorto en una pantallita o comparando mi narcisismo con el del resto de congéneres no hubiera caído en algo tan hermoso en su simplicidad y cotidianeidad.
Solo habrá que esperar a un futuro cercano. Cuando ese tipo de imágenes vayan desapareciendo y se las vayan apropiando esa minoría que pugna por destruir al planeta y a nosotros. Cuando nos destroce un sol de justicia, solo quede un olivo y apenas un vaso de agua con el que perlar sus hojas por un instante. Será entonces cuando esa sencilla imagen dejará de tener valor para tener un precio tan elevado que solo uno podrá disfrutarlo en su último minuto de vida.

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