Catalunya, contar banderas en lugar de votos

España es un país absurdo donde los haya. Cuando todavía no eramos españa ya estuvimos mareando la perdiz con los “moros” cerca de un milenio, parece ser que era cómodo eso de ir conquistando y cobrando un dinerillo a los perdedores para que nada cambiara. Cualquier cosa menos avanzar.
Cuando terminamos con la morería nos fuimos a invadir, perdón, conquistar un continente. Y a fe que lo hicimos, y lo expoliamos. Y con todo el oro y la plata que robamos, revestimos varias veces a nuestros dioses, cristos y millares de santos y mártires, que de eso si entiende, y mucho, españa. Ingentes cantidades de metales preciosos fueron a parar a la iglesia de los pobres a perpetuar la nada que nos define, el resto sirvió para generar la primera crisis económica que conoció Europa.


A partir de ahí todo fue ir cuesta abajo. Mientras el mundo miraba de frente, nosotros nos dedicábamos embestirnos como toros bravos, tanto, que terminó siendo el símbolo que nos define. Y así hasta ahora, sin quitarle ninguna razón a aquella frase de Jovellanos: «españa sigue siendo una nación sin cabeza»
¿Todo este rollo para qué? Preguntaréis, pues por el hecho de que quienes desgobiernan este país —herederos de la ignorancia de aquellos que desataron los caballos de la carroza de Fernando VII para tirar de ella al grito de «¡Que vivan las caenas!»—, prefieran que catalunya se llene de banderas: catalanas, españolas, preconstitucionales, republicanas, independentistas… prefieran que muchas de esas banderas se quemen en público —con lo que eso afecta a los patrioteros que reducen su nación a un trapo—; prefieran el riesgo de que en algún momento se produzca cualquier situación de violencia antes que permitir que sea el sufragio universal quien determine cuál es la querencia de los catalanes.
A cualquier otro le parecería raro eso de negar el derecho al sufragio argumentando para ello altísimos valores democráticos, constitución española incluida. Pero no podemos olvidar que estamos en españa, país absurdo donde los haya. Un lugar en el que el partido en el poder, ganador ilegítimo de unos comicios, da más importancia a un trapo que a un ciudadano. Un gobierno que prefiere contar banderas que contar votos.
Así nos va.


La única cosa que une a los españoles es su estupidez, pues esa si que no entiende de patrias ni banderas

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