De amor, guitarra y un bosque desde el cielo

Ésta es la anécdota: del amor por la guitarra de ella y el amor de él por ella, nació una hermosa guitarra viva que se admira desde el cielo.

Música que siento

guitarra1A Graciela Yraizoz siempre le gustó la guitarra. Era uno de sus instrumentos favoritos. Cierta vez, mientras volaba con su marido sobre la Pampa argentina y veía desde el cielo las distintas formas que tomaban algunos terrenos le dijo a su marido que ellos deberían hacer alguna cosa parecida en el suyo. «podríamos hacer una guitarra gigante», parece ser que le dijo.
Desgraciadamente a ella apenas le quedaba vida. En 1977 sufrió una aneurisma cerebral que le provocó la muerte. Apenas tenía los 25 años de edad y estaba embarazada de su quinto hijo.
Pedro Martín Ureta, su viudo, un productor agropecuario que ahora tiene 71 años, no solo no olvidó el deseo de su esposa, sino que lo convirtió en un homenaje maravilloso que prevalecerá más allá de la propia vida si el mundo lo respeta. Porque lo que hizo Pedro fue crear un bosque con forma de guitarra

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