El Amor y la Muerte (una reflexión sabatina)

Sexo y Amebas

Es cierto que no nos clonamos como hacen las amebas. Ser ameba da unas ciertas facilidades reproductivas pero cada consecuente que resulta no aporta nada nuevo a la especie que no sean las costumbres de su antecedente. Así les va.
Para llegar a algo como “Nosotros” tuvimos que esperar al gran invento de la Evolución: el Sexo (único órgano incompleto de nuestro cuerpo por más que muchos gusten de pensar en él como ariete o péndulo al que admirar). Y eso, que puede parecer una putada, tiene ciertas ventajas como podrá verse.
Tenemos un hígado, un corazón, un par de pulmones, otro de riñones…pero llega el sexo y ¡Mira tú por donde! si no echas mano de alguien que atesore la otra mitad se pierde tu “yo” para siempre. Y ahí reside su grandeza, si uno tiene la suerte de perpetuarse vía cópula (o sistemas modernos que la transgreden), forma criaturas “nuevas” que, aun siendo un 50% de uno, conforman un ente distinto.

La muerte

Y ese ente nuevo morirá, claro —lo único que garantiza que un ser está vivo es su muerte—. Y en el caso de ser un homo sapiens sapiens, esa absurdez zoológica, le sucederá lo que al personaje de Woody Allen cuando dice: “No me preocupa morirme, solo que no deseo estar allí cuando suceda”.
Porque hemos de reconocer que no es de nuestro agrado ser conscientes de nuestra propia muerte, ni del dolor, ni los distintos sufrimientos. A los cristianos, todo y que llevamos dos mil años reciclando un cadáver, no se nos educa para la muerte. No hablamos de la muerte. No nos planteamos esa realidad que nos tiene cogidos por donde duele desde el nacimiento.
Y para colmo nos sentimos tan importantes que pensamos (deseamos creer) que perviviremos en unas formas más o menos lindas y en geografías más o menos adaptadas a nuestros deseos. Eso sí, siempre al ladito de ese insigne creador que jamás supo solucionar los problemas de diseño iniciales, omnipotente de baratillo.

Somos eternos

Pero qué sucede realmente tras la muerte. Lejos de la importancia que nos damos, de ese autobombo de creernos el
ombligo del Universo y proceder de una alta cuna religiosa, lo que nos sucede es que, a pesar nuestro, somos eternos —en el sentido de que la Eternidad durará lo que dure el Universo—.
Así de simple. Nos metan en un nicho, una tumba, una pirámide o una fosa común. Nos incineren o echen a los cerdos. Suceda lo que suceda, volveremos poco a poco a ser la sustancia que siempre fuimos: Hidrógeno. En nuestra descomposición última, tras pasar por el aparato digestivo de millares de seres, volveremos a ser el elemento primordial tras el Big Bang.
Será entonces cuando, de un modo u otro, ascenderemos al cielo, hasta volver a ser substancia de estrellas. Y no solo nos habremos ganado el cielo, es que existe la probabilidad de que algunos de los átomos que una vez fuimos nosotros formen parte de un dictador futuro, o un científico, o un muerto de hambre, o un bonobo, o hasta una ameba.

Los Sentimientos

Entonces, si solo somos materia, ¿dónde queda el rinconcito de los sentimientos? Pues en esa misma materia, en la bioquímica cerebral y en la utilización, por parte del laboratorio químico que es cada individuo, de todos los compuestos que una vez fueron Hidrógeno.
¿Significa eso que una maravilla tan grande como el Amor no existe? Claro que existe. Existen convenciones entre individuos, nacidas como “sexo a cambio de protección”, a las que llamamos amor. Existe una atracción feroz ente individuos a la que llamamos amor. Existe un sentimiento de protección de una hembra a sus cachorros, sentimiento que va ligado a la necesidad de pervivencia como especie, al que también llamamos amor. Existe una convención entre individuos que coinciden en una serie de gustos a la que llamamos amistad, otra forma de amor. Existe una bioquímica todavía más extraña, la más extraña de todas, que lleva a unos pocos a dedicarse a los demás, que también se conoce como amor al prójimo.
Más allá de eso el amor no existe. Ese Amor vinculado a un Alma inmortal, a un pedacito de mi “yo” tan importante que encapsula sus átomos no se vayan a mezclarse con los de tipos raros.

Conclusión

Amad. Vivid el Amor tanto y tantas veces como sea posible. Será bioquímica, será materia y no estará vinculado a nada etéreo y esotérico. Pero es uno de los sentimientos más grandes que podemos Dar a los demás y, por ende, recibir de ellos. Y, lo mejor de todo: ese sentimiento, esa reacción química, cuanto más se utiliza más llena sus depósitos.

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