Yo viví la ley mordaza

Merece la pena leerlo

Icástico

Conozco la ley mordaza. La sufrí desde niño con mi padre. Y la ley del cinturón. En varias ocasiones he visto con terror cómo lo liberaba de las trabillas de su pantalón, con parsimonia, y cómo lo blandía en el aire antes de sentir su chasquido sobre mi piel. Lo hacía por mi bien, decía. He visto cómo una hermana se meaba encima segundos antes de sentir lo mismo, y lo recibía con saña añadida por ser una meona, así le llamaba mientras la azotaba. Lo hacía por su bien. Ese día en concreto me rebelé, en un acceso de ira añeja le grité ¡dale, dale más, mátala, cobarde! No se lo esperaba, quedó desconcertado, cinto en el regazo, mientras jadeada con el esfuerzo de su educación barata, cómoda, miserable; poco me importaba el castigo al que me enfrentara. Algo vio en mis ojos, porque no llegó a consumarlo.

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