¿Para cuándo un “corralito” en españa?

Era la época de la República, por gentuza como los ascendientes de quienes ahora nos gobiernan, en España había mucha hambre.
Iba a haber elecciones y el capataz de un cacique se dedicaba a ir de puerta en puerta comprando votos. Les daba dos duros, que entonces eran una fortuna, y les exigía fidelidad. Más o menos lo que ha ido haciendo el PP con el dinero negro con el que lleva financiándose desde su creación.
La cosa es que todo iba bien hasta que se encontró con un jornalero que cogió los dos duros y se los tiró al suelo. Lo miró y le dijo: “En mi hambre mando yo”.
Y es que siempre existe un espacio para la Dignidad en algunas personas.

Uno esperaba escenas de pánico, terror por las calles y más de medio país ardiendo. Todos los políticos liberales del planeta, los banqueros, los prohombres y alguna «promujer» de esos que hunden países como quien pisa un puñado de hormigas, nos lo han estado avisando hasta el hartazgo. Nos han metido el miedo en el cuerpo como si lo que fuera a suceder tuviera una relación directa con el Diluvio Universal o la cancelación de un partido de fútbol importante.
La palabra «corralito» se nos ha ido escupiendo cada vez que hemos alzado la voz para decir que no es agradable que unos pocos nos estén arruinando y robando todos los derechos sociales —en españa, además, los civiles— solo porque así se enriquecen ellos. La palabra «corralito» ha sido sinónimo de Infierno, Maldad, Destrucción, Debacle, Final. El estallido último antes del Apocalipsis y la desaparición total y completa del Universo.
Y ahora resulta que el mismo  Alexis Tsipras, a riesgo de cargarse a Syriza, lo pone en marcha en Grecia y, no solo no sobreviene el apocalipsis sino que millares de personas se plantan en la plaza Sintagma para apoyarle. Lo nunca visto.
¿Qué ha sucedido entonces, cuál de los dos escenarios es el real?: La destrucción total y absoluta del mundo tal y como lo conocíamos o una población resignada que acepta con estoicismo y Dignidad lo que vaya a sucederles. Imagino que la cosa va por lo segundo. Por eso y porque a cada uno le permiten sacar la friolera de 60 euros diarios. Eso, que para los alentadores del miedo es una minucia que a ellos no les da ni para cafés, para los pobres ciudadanos del sur de europa es lo nunca visto.
Por eso, desde que sé lo de Grecia no dejo de esperar al día en que haya un corralito en la triste españa y pueda ir a los cajeros y sacar mis 60 euros diarios —22.000 euros al año—. Porque creo que al igual que me sucede a mí yle pasará a muchísima más gente que ya no tiene ni para dar de comer a sus hijos, consideramos un verdadero chollo poder disponer de 60 euros diarios de liquidez para tabaco y pequeñas minucias que necesitan de papel moneda para ser satisfechas.
Casi que uno se plantea qué pueda ser peor: ser cada vez más pobre mientras unos pocos se enriquecen hasta la indecencia o ser pobre de solemnidad por decisión propia y que esos ricos vayan a hacer sus riquezas al desierto del Kalahari. Yo creo que haré como el jornalero y cuando tenga un gobierno digno que me plantee la posibilidad de decidir si quiero vivir como un siervo o como un hombre libre diré que “en mi Hambre mando yo” y que ese euro destructor de europa se lo metan por el agujero más les duela.

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