De fiestas de cumpleaños

Una de las tantas Verdades de este páramo cultural y social que una vez fue españa, ahora convertido en latifundio de la indignidad por la que van orinando monarquías, iglesias y militares añorosos de ayeres sanguinarios.

Sin objetivos

Cuando iba al cole yo no era muy popular. Lo tenía todo para no serlo. Sacaba muy buenas notas y tenía un incipiente entrecejo infantil que intentaba ocultar subiéndome bien arriba aquellas gafas de pasta que hoy hubieran estado muy de moda, pero que en los años ochenta me convertían en lo opuesto a aquellas animadoras con larga melena rubia que protagonizaban las series adolescentes yankis. Por si fuera poco me encantaban las matemáticas y la mayor de mis diversiones era leer, lo que convertía mis cumpleaños en reuniones íntimas, casi familiares, en las que agradecía con mucha fuerza tener bastantes hermanos y primos con los que celebrarlo para que mi madre no me obligara a invitar a algunos de esos compañeros de clase que seguramente hubiesen venido a comer mediasnoches y cruasanes rellenos pero el resto del año se hubieran seguido metiendo conmigo.

Puede que la comparación parezca un…

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Una respuesta a De fiestas de cumpleaños

  1. Eduardo dijo:

    Querido amigo:

    El crítico tiene razón en que esa frase es sumamente hiperbólica. Me he arrepentido de haber usado ese ejemplo. Pero sí se podría utilizar el ejemplo de cualquier otro de personajes absolutamente secundarios en la historia del Imperio romano. Y Jesús era un personaje mínimo, casi inexistente, a los ojos de Roma.

    Dije esa frase malhadada en un momento de exasperación con gente irracional que no saben distinguir entre un rabino galileo, fracasado en su empresa, evidentemente, como algún otro de su época, y el cristo celestial que es un teologuema que empieza con claridad sobre todo en Pablo.

    Si separasen las dos figuras, no hay razón ninguna para negar la existencia del J. histórico. El cristo celeste no existió nunca históricamente, porque es pura teología y se sitúa a otro nivel, y menos la mezcla de los dos tal como la presentan los Evangelios. La gente, en el fondo, un tanto irreflexiva, quiere decir es que ese Jesús, mezcla de esos dos referentes, no existió nunca. Y tienen razón. “Pero hablan en prosa sin saberlo”. Y no saben que la tienen porque no saben distinguir entre esos dos “personajes”, uno real y mínimo (luego reinterpretado y repensado, idealizado = el Jesús evangélico) y otro, el Cristo celestial. Y menos caen en la cuenta de que la lectura crítica de los Evangelios hace esa distinción…, y entonces no se plantea el menor problema. Insisto: se trata de una falta de reflexión.

    Creo que el 99% de los investigadores está de acuerdo con esta distinción y no tienen el menor problema con la existencia del Jesús histórico, de verdad

    Saludos

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