Adolecemos de una despiadada ceguera

FUNDACIÓN MARÍA ARANZADI

impotencia Fotografía: Chien-Chi Chang Ayer una persona me preguntaba si viví la exclusión social cuando me drogaba. Imagino que al descubrirque soy adicta recuperada, se habría hecho la clásica y tópica composición del drogata cadavérico del que cualquier buen ciudadano huye cruzándose a la otra acera. Malditos estereotipos.

Cuando la gente empieza a verte como algo distinto, algo que no comprende, algo a lo que temer sin saber muy bien el porqué, en ese momento ya estás excluido. Algunos niños lo están del calor de sus compañeros, demasiadasmujeres lo están de las oportunidades laborales, los drogadictos lo estamos de un sistema social que se considera sano y los camellos dan de comer a esos drogadictos. Cualquier forma de exclusión comporta humillación e invisibilidad. Solemos soñar con poder “ser como el hombre invisible” pero no hay nada más doloroso y cruelque el hecho de que nadie te vea. Y si lo pensáis…

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