Entre la solidaridad y el prejuicio

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El pasado sábado dieciséis de abril, un grupo de cooperantes hicimos una acción en uno de los mercados de mi ciudad, Cerdanyola del Vallès. Era una recogida de firmas y la venta de una bolsa y un pin, todo ello en favor de la ONG Proactiva Open Arms que, por desgracia, se está haciendo tristemente famosa en la isla de Lesbos (Grecia) porque sus componentes hacen más trabajo por los refugiados que el resto de estamentos mundiales juntos. Toda esta acción se completaba con el pase del vídeo que podéis ver a continuación:

Además de llamar a la ciudadanía a través de megafonía, íbamos personalmente por las paradas a ofrecerles un díptico explicativo cuya foto de portada podéis ver al inicio. Después del par de horas que duró el evento el resultado conseguido, todo y ser muy correcto: cerca de setenta firmas y más de veinte bolsas vendidas; me dejó un extraño sabor de boca. Y llegamos por fin al tema del que quería hablaros.
Cuando salí un momento a repartir dípticos me encontré con diferentes tipos de personas: las que te recibían con una sonrisa y un marcado interés, las que recogían el papel sin más, los que declinaban el ofrecimiento y no más de un par cuyo comportamiento me llenó de tristeza.
Sí, tristeza, como suena. Porque al acercarles el papel e invitarlas amablemente: “si quieres pasar por la parada del ayuntamiento, estamos pasando un vídeo y puedes firmar un manifiesto…”, su respuesta no solo fue negativa. Quise pensar que se sentían demasiado dignas como para perder el tiempo en tal estupidez, pero su lenguaje corporal iba más allá. Después caí en la cuenta: lo que les sucedía era que tenían un prejuicio hacia ese “invasor”, y la sola palabra refugiado las ponía a la defensiva. Tanto, que extendían ese prejuicio hasta incluir a mi propia persona. De ahí que se echaran visiblemente hacia atrás al acercarme yo. En sus pequeñas mentes aquel que les ofrecía la hoja de papel, conciudadano suyo, Catalanoespañolyeuropeo como ellas y que hablaba sus idiomas, adquiría el rango de enemigo al convertirse, por mor de su estúpido prejuicio, también en refugiado.
Se me podrá argumentar que solo fueron dos. Es verdad. Lo que sucede es que según mis cálculos me acerqué a no más de doce personas. Si calculamos, veremos que esas dos representan algo más de un 16,5%.  Si pensamos entonces que un país como españa tiene unos 45 millones de habitantes, veremos que ese 16,5% equivalen a unas 7,5 millones de personas. Número que se acerca mucho al de los votantes fieles a partidos que recortan derechos, destruyen los bienes públicos, criminalizan la Justicia Socia, ponen precio mientras quitan valor, crea leyes mientras se cagan en la Justicia, son corruptos…
No sé que podáis pensar vosotros, pero a mi modo de ver, este es el tipo de desecho humano que está creando la europa zombi, alimentada por gobiernos corruptos: criaturas sin pensamiento, sin empatía, sin el mínimo sentido de la Justicia Social. Humanos que desde su infrahumanidad se sienten superiores.
¿Recordáis cómo ascendió el nazismo en Alemania? Pues eso, que quien no conoce la Historia, se arriesga a que se repita.

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