Feliz dia del Padre Putativo

En algún momento pretérito muchos de nosotros compartimos el 50% de nuestro código genético con alguna mujer.
Eso, que lo hicimos a priori para aplacar las ansias de la zona genital, nos convirtió en un ser nuevo, una versión, quizá mejorada, de cada uno de nosotros y que se conoce como “Padre”.
¡Padre! Échale huevo. Nosotros, que lo único que pedíamos era descargar de amor la zona cojonal, nos vimos inmersos en responsabilidades no pedidas y en esfuerzos exigidos por terceras que nos pasaron dicha responsabilidad como si viniera tocada de la mano de Dios.
Pero hablando de dioses. Lo que en realidad celebramos cada 19 de marzo, seamos sinceros, es al patético padre putativo del zombi Jesús. El pobre carpintero de ciruelo conformado al que su adolescente esposa convenció de que la preñez no era obra de mango ajeno, sino de falo divino en forma de inocente palomo.
Lo de aquel muchacho debía ser amor, no nos engañemos. Lo imagino convenciéndose a sí mismo con cosas como: la muchacha no está tan mal, tiene dieciséis años y es un poco floja de cierramuslos, pero le quedan unos diez años buenos en los que me la podré beneficiar entre taburetes, mesas y portalones.
Vaya pues este homenaje al cornudo protoceleste, al manso, al Posíbilis Pater, al Padre Putativo (nunca mejor empleado) más famoso de la Historia cristiana. Y hagámoslo desde la fértil pluma y maravillosa mente de Javier Krahe, al que Dios haya enviado a mejor lugar que el triste Cielo. Y hagámoslo fuera de bromas. Por eso me permito compartiros la que considero una de las canciones de amor más bonitas que han escrito jamás. Gracias Javier.

Sábanas de seda

Tú que has tenido la rara fortuna de conocer
el corazón a la luz de la luna de mi mujer.
tú, que supiste cogerle el tranquillo a sus abrazos,
más de una vez te adivino en el brillo de sus ojazos.
Aunque el ensueño se vista de seda no me entusiasma
cuando en la noche una sábana enreda y es tu fantasma.
Cuando descubre caricias ajenas sobre mi piel,
ella, en lugar de cortarse las venas, me es muy infiel
y, aunque a mi lado fielmente regresa porque es muy buena,
puede también darme alguna sorpresa si hay luna llena.
Que si el amante de turno es despierto y no un capullo
ella se instala un buen rato en su huerto mientras yo aúllo.
Si el astro loco preside el paisaje nada es soez
e igual que a ella le viste de encaje su desnudez
da un espectáculo resplandeciente de un simple falo,
lo magnifíca románticamente bajo su halo.
Y ella lo ve cual si fuera una alhaja y lo acaricia
y, pues la luna es de quien la trabaja, se hace justicia.
Pero después viene el cuarto menguante, quieras que no
desmereciendo con ello el amante, compréndelo,
entonces ella me busca por bares de cara oculta
y vuelvo a ser el primus inter pares, ella me indulta.
Y eso fue todo y se acuesta a mi lado junto a la lumbre,
al calorcillo del fuego sagrado de la costumbre.
Yo, que de otras no soy el marido, fíjate tú,
echo de menos el tenso latido del “amour fou”,
pero ese amor pasa por avatares bastante extraños
cuando a pesar de todos los pesares pasa los años.
Y yo lo tuve y está en mi cabeza, nunca lo olvido,
y… para qué voy a hablar de belleza, tú la has tenido.
Tú la has tenido, la rara fortuna de conocer
el corazón a la luz de la luna de mi mujer,
tú que supiste cogerle el tranquillo a sus abrazos.
Más de una vez te adivino en el brillo de sus ojazos.
Cuando en la noche una sábana enreda y es tu fantasma
aunque el ensueño se vista de seda no me entusiasma.

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