“Un pequeño punto azul pálido”, una inmensa lección de Vida

Uno de los experimentos más maravillosos que ha llevado a término el Ser Humano es el de las expediciones de las naves Voyager I y II. En ambas tomó parte Carl Sagan.
Cuando la Voyager Sobrepasó el planeta Neptuno y se disponía a abandonar nuestro sistema solar, a unos seis mil millones de Kilómetros, Carl Sagan propuso a la NASA que hicieran girar la cámara para hacer una última fotografía de la Tierra desde esa primera frontera del Universo.
En un primer momento la NASA no entendía qué sentido podía tener fotografiar la Tierra desde un lugar tan lejano ya que desde ahí nuestro planeta es apenas un pequeño punto de luz. Pero accedió, y ahora disponemos de una imagen que nos sitúa donde nos corresponde.
A ese punto de luz, Carl Sagan lo llamó “pequeño punto azul pálido”. Y con él como referencia nos dejó una de las lecciones de Paz más importantes que puedan haberse dicho jamás.
Hoy, en un tiempo de narcisismo casi enfermizo, una época en la que la pérdida de valores anda pareja con el incremento del egoísmo y la envidia, sería bueno que escucháramos las palabras de la gran persona que fue Carl Sagan. No es una lección magistral de Economía, ni una lección de Ciencia, ni tampoco lo pretende.
Es una sencilla lección de Humanidad que debería ser asignatura obligada en todas y cada una de las escuelas a las que llevamos a nuestros hijos. Pero sabemos que no se la darán. Es por ello que podemos ser nosotros los que se la transmitamos. Vedla y sacad vuestras conclusiones. Lo que es a mí, se me encoge el corazón.

Transcripción del vídeo

Desde tan lejos, puede que la Tierra no parezca muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Fíjate de nuevo en ese punto. Eso es aquí. Es nuestro hogar. Somos nosotros.
Ahí viven o han vivido todos tus seres queridos, todas las personas a las que conoces, todo aquel de quien hayas oído hablar alguna vez, todos los seres humanos que han existido jamás. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos. Miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas tan seguras de sí mismas, todos los cazadores y recolectores, todos los héroes y todos los cobardes, todos los creadores y destructores de civilizaciones. Todos los reyes y todos los campesinos, todas las parejas de jóvenes enamorados, todas las madres y padres, todos los niños esperanzados, todos los inventores y exploradores, todos los profesores de ética, todos los políticos corruptos, todas las superestrellas y todos los líderes supremos, todos los santos y todos los pecadores de la historia de nuestra especie vivieron allí. En la mota de polvo. Suspendida en un rayo de sol.
La Tierra es un escenario muy pequeño en la inmensidad del cosmos. Piensa en los ríos de sangre que han hecho correr todos esos generales y emperadores para que, entre el triunfo y la gloria, pudiesen proclamarse los amos fugaces de una pequeña parte de un punto. Piensa en las incontables crueldades cometidas por los habitantes de un rincón de este punto sobre los habitantes, apenas distinguibles, de alguna otra parte del punto. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, con cuánto fervor odian. Nuestros “postureos”, nuestra supuesta importancia, el espejismo de que ocupamos una posición privilegiada en el universo, todo eso queda en entredicho ante ese punto de luz pálida.
Nuestro planeta es un solitario grano de polvo en la gran penumbra cósmica que todo lo envuelve. En nuestra oscuridad, en toda esa inmensidad, no hay ningún indicio de que nadie vaya a venir en nuestra ayuda para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. ¿Visitar? Sí. ¿Colonizar? Aún no. Tanto si nos gusta como si no, en este momento la Tierra es donde nos vamos a quedar.
Se dice que la astronomía es una experiencia de humildad, y que forja el carácter. Puede que no haya mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, recalca la responsabilidad que tenemos de tratarnos los unos a los otros con más amabilidad y compasión, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido, el punto azul pálido.

La primera foto del espacio exterior (1946)

¿Quién debe sentirse solo?

Para el ojo poco adiestrado es posible que la respuesta sea: “la violinista”. Todo el mundo pasa por su lado sin atender, salvo los niños, pobres inocentes que todavía no han aprendido de sus mayores. Y ahí se la ve todo el rato aferrada a su violín.

Pero, ¿seguro que es la violinista la que está sola? Permitidme dudarlo.  Alguien con capacidad para abstraerse de esa geografía cotidiana de terror y tedio, con capacidad para entrar en el universo sensitivo de la Música, interpretándola desde esa bioquímica extraña conocida como alma, es evidente que no está sola. Nunca lo estará. Tarareará a Beethoven, pensará en el adagietto de la 5ª de Mahler, se sumergirá en la evocación de las suites para violoncelo de Bach o reconstruirá imágenes esteparias mientras recuerda los coros de Alexander Nevsky. Imposible. Su soledad solo sobrevendrá si ella la busca y la desea. Porque incluso en el momento más atenazante de tristeza podrá tomar el violín entre sus manos y revivir el adagio para cuerda de Samuel Barber. Y si el violín le pide alegría, se lanzará como los niños a interpretar a Vivaldi. Y si necesita elevarse por encima del mundo podrá enfrentarse a la Chaconne de Dios Bach.

¿Quiénes son realmente los solitarios, los abandonados, los tristes, los pobres, los ignorantes, los ciegos, los estúpidos… en ese vídeo? Sí, a pesar de que se sonrían, de que se sientan por encima o más allá de… los solitarios entre la masa son los que pasan por su lado incapaces ya de percibir nada que no sea su pequeño mundo narcisista del que no ven más allá de sus apéndices más prominentes, pues nada más existe salvo sus micro nadas. Ya están adoctrinados.  Por esa razón nunca serán capaces, como les sucede a los niños o a la intérprete, de sentir a través del sonido, de vibrar viendo caer las hojas de los árboles, disolverse una tenue nube en el cielo o calculando las futuras formas de las ondas del agua de un lago. Solo aquél que mantiene el alma del niño: ilusión, curiosidad, empatía, juego… será capaz de pervivir mientras los demás sobreviven.

El experimento de Joshua Bell

Es evidente que nadie lo sabía, pero el músico callejero era Joshua Bell, uno de los grandes violinistas de la actualidad. Una de las piezas que tocó era la célebre Chaconne de la partita número 2 de Bach y la interpretó con su violín, un stradivarius valorado en  3,5 millones de dólares.

El experto Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EE UU, había previsto que el músico recaudaría unos 150 dólares y que, de mil personas, unas 35 se detendrían haciendo un corrillo, absortas por la belleza. Hasta un centenar, según Slatkin, echaría dinero en la funda del violín. Pero eso no fue lo que ocurrió, a los 43 minutos de las 1.070 personas que habían pasado ante él, sólo 27 le habían dado dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y solo una persona pareció reconocerle.

¿Sabemos ver algo más allá de lo que nos publiciten los medios? ¿Somos capaces de percibir la belleza o solo acudimos como borregos a comprar los libros que publica una ignorante y acudimos a conciertos de famosetes de programas berlusconianos de la televisión? Nos hemos embrutecido a un nivel tan elevado que apenas recordamos ya que una vez fuimos humanos.

Y a pesar de todo, si algo puede salvarnos, es el reconocimiento de lo bello, la Solidaridad y la Cooperación.

Naturaleza y Matemáticas

Bach ya descubrió la relación entre Belleza y matemáticas. Su legado está lleno de ejemplos. Lástima que la mayoría de ellos no estén a nuestro alcance o necesitemos más de media vida para llegar a percibirlos mínimamente.

Casi todos nos preguntamos alguna vez: ¿para qué me van a servir tantas matemáticas? Es así, es una certeza. Yo me lo pregunté en la adolescencia y ahora son mis hijos quienes me vienen con la misma cantinela. Y reconozco sin rubor alguno que a mí me llegaron a gustar, solo que no fue un amor correspondido y me quedé solo y más ignorante de lo que hubiera deseado.

Pero ese miedo ancestral no anida en las mentes de los futuros matemáticos. Ellos no se hicieron esa pregunta en la adolescencia. No les era necesario porque sus mentes ya sabían ver la cantidad de Matemática que nos envuelve; mientras los legos, a lo más que llegábamos, era a la geometría perfecta de Maite, a la confirmación de cómo ciertas partes de Julia se reían de Newton y a cuánta certeza se escondía en la teoría de la relatividad durante nuestros primeros fracasos sexuales.

De haber tenido mejor vista interior hubiéramos caído en la cuenta de cómo la Naturaleza copia a las matemáticas —y no al revés, como piensan muchos—, y de qué modo utiliza la belleza de la geometría o las series numéricas para crear la Belleza visual que después nos regala.

Es así que encontramos las conchas de los moluscos y la espiral de algunas cornamentas de rumiantes que se alimentan de la serie de Fibonacci, lo mismo que la hermosa forma fractal de un tipo de bróquil. O encontramos la proporción áurea que aparece en las rosas, en algunas galaxias en espiral o en el Hombre de Vitrubio de Leonardo.

Foto de La Reserva (Click en la foto para acceder a más ejemplos)

Ya mucho más visual, disfrutamos de la resistencia del cilindro, cuya expresión más majestuosa se ve en las sequoias gigantes. O se nos obsequia con la fragilidad de las hermosas teselas hexagonales que construyen las abejas, aún sin saberlo, que contrasta con la impresionante calzada de los Gigantes, sujeta a la misma geometría.

Ejemplos habría miles, demasiados para la pretensión de este artículo y mis limitaciones culturales. Pero quiero terminar con un nuevo descubrimiento, el maravilloso ejemplo que nos regala Marcello Scotti del Salar de Ayuni y sus caprichosas teselas pentagonales.

Fotografía de Marcello Scotti (Click en la fotografía para acceder)

¿Para qué sirven las Matemáticas?, nos preguntábamos. Pues es sencillo, para la Vida. Lástima que deba uno llegar a cierta edad para caer en la cuenta.

Consejos de Bertrand Russell o ¿Para qué sirve un filósofo?

bertrandRussell2¿Por qué ya no se enseña Filosofía? ¿Por qué desde unos años para acá se fue incrementando el menosprecio por las disciplinas humanistas? Quién no ha escuchado, o dicho, o pensado cosas tales como que las ingenierías eran disciplinas de “listos” y las carreras de “empollar” eran las típicas de tontos y fracasados… Porque ¿Quién necesita pensadores?

A poco que pensemos en ello vemos que ha sucedido de ese modo por dos razones básicas:

1 – Porque todo lo que tenga que ver con disciplinas técnicas e ingenierías es “útil” a la Sociedad Capitalista del Consumo enfermizo y sin mesura. Y no solo le es útil, sino que al disponer de mucha mano de obra cualificada, puede pagar sueldos menores y promover guerras intestinas entre iguales para alcanzar falsas cimas de poder (véanse licenciados en Informática). Pero con todo lo que pudiera parecer, no es esta la razón más importante para llevar a cabo el menosprecio y la casi desaparición de las Humanidades.

2 – La segunda razón, y más importante, es que los humanistas no están adoctrinados sino educados en el Pensamiento, y un ser humano que piensa más allá del adoctrinamiento es alquien que puede llegar a tener una cualidad tan peligrosa como es el Criterio y con él la capacidad de discernir y decidir más allá de las pseudo verdades que le cuenten otros.

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De entre los humanistas, los filósofos son los más peligrosos. Los filósofos dan mucho miedo. Conocen las distintas disciplinas del pensamiento: Ética, Estética, Epistemología, Lógica, Metafísica… Herramientas que, en manos de un pensador, pueden llegar a deducir terribles verdades e incluso a levantar a las buenas gentes contra las minorías que las subyugan.

Queden como ejemplo unas pocas palabras que nos legó Bertrand Russell en una entrevista que le  hicieron en 1959 y que no ha perdido un ápice de importancia ni veracidad.

Hoy, 30 de junio del 2013, he compatido esta entrada con un buen amigo en la Red, el fotógrafo Marcello Scotti, y eso a llevado a que él hiciera una apostilla que, a mi modo de ver, la complementa y le da un toque de “realidad” que considero la enriquece. Comparto sus palabras:

… Y me permito agregar que, en mi opinión, de unos decenios hacia acá, ha aparecido un nuevo fenómeno. Y que es que el Sistema todo lo adapta para su beneficio, incluso a los Humanistas, pues algunos Pensadores también han sido engañados de un modo u otro por el “canto de las sirenas” y son ampliamente utilizados como consultores del Poder que actuan tras las bambalinas. No hoy en día gobierno ni multinacional que no tenga un gabinete de “Humanistas”: psicólogos, sociólogos, antropólogos, escritores de izquierda, y etc… especializados en “diseñar” un Sujeto funcional al Sistema, en técnicas de marketing basadas en un conocimiento que tantos años llevó conceptualizara los verdaderos Humanistas . 

Podríamos llamarlos “Humanistas funcionales” … y que los hay, los hay … y tienen mucho poder y muy buenos salarios.

Gracias Marcello.

EL COÑO (Morfología)

Antes de adentrarnos en ella es bueno hacer un ejercicio de imaginación. Para ello deberemos situar en nuestra mente a la poseedora de dicho encanto, desnuda y de pie, relajada o insinuante, eso no tiene importancia ahora, frente a nosotros. Deberemos entonces centrar nuestra mirada interior en la zona púbica y, sobre todo, en la confluencia de esta con ambos muslos. Si estamos viendo la imagen tal cual se expuso, deberemos apreciar, ya a simple vista, que ante nosotros se encuentra un triángulo invertido. Es ya en ese momento cuando denotamos las sutiles diferencias que se producen entre unos y otros. A saber: el vértice inferior de dicho triángulo puede estar formado por ángulos cercanos al recto hasta ángulos mucho más cerrados, conteniendo incluso, para los amantes de la estética, la perfección del equilátero. Dicho vértice puede asumir desde una intención de arista hasta la de un canto redondeado, la cual cosa nos deberá poner en antecedentes de la futura forma básica que tendrá el coño a admirar. Dicho esto pasemos ahora a extendernos en su observación.
Su morfología es hermosamente estética. Partiendo del cojín del pubis y puesto ante el idólatra estudioso (yo, en este caso que nos trae) podemos observar que se bifurca en dos mitades perfectas, como dos mofletes juntos, sin cara, y a los que, si no dejamos el símil mofletudo, podemos encontrar en las maneras más imaginables: desde el tipo moflete de bebé al moflete curtido y marcado. Estos esconden entre ellos, o no, ya que dependerá de su superficie al ser descubierta, algo que recuerda a unas alas blandas arremolinadas a las que se hubiera despojado de toda estructura.
Cuando el coño se abre, se nos ofrece, todo cambia y se extiende. Es en ese punto cuando unas manos delicadas, unos labios expertos o una lengua curiosa pueden forzarnos a aprender más de la maravilla (aunque como sucede con todo, hay que estar atento). Si procedemos a extender lo que dimos en llamar alas, entenderemos entonces lo comentado antes: las hay pequeñas, simples y delimitadas. Las hay extensas, redondeadas, aflechadas. Las hay gruesas como filete o casi transparentes como papel de arroz. Aglutinan, además, un amplio abanico de coloración que puede ir desde el rosado más suave hasta tonos altamente oscuros. Al final todas son hermosas para el amante que las sabe ver y admirar. Solo él o ella podrán percibir lo que a otros ojos les está vedado. Pobres ignorantes.
Manteniéndolas así, extendidas, y si observamos al frente veremos el pasado y el futuro, una puerta dentada e invitadora que nos llama para que nos sumerjamos en ella. Una leve sima que, en manos de dueña experta, es capaz casi de hablarnos mientras se abre y se cierra, un ojo ciego que nos regalara un guiño.
Arriba, en la confluencia de lo ya detallado, protegido por el pubis y escondido de las miradas obscenas de los adalides de la moral se encuentra la perla que todo lo unifica, el paraíso. Es ahí donde el amante experto sabe ubicarse, entregarse y redimirse. Independientemente de su tamaño (como en todo los hay hasta el hartazgo) no existe placer mayor que sentirlo, aprisionado entre los labios, mientras bajo él pulsa la sangre, latiendo en un aviso de lo que vendrá al final, el éxtasis. Solo el que ha sentido esto puede decir que estuvo cerca del cielo. 

EL COÑO (La palabra)

Qué queréis que os diga, soy un idólatra del coño.
Ya la misma palabra tiene todos los atributos para ser amada y respetada: Es bisílaba, razón por la cual es cómoda de usar. Sus vocales son oes, por ello es contundente en la voz y contiene la eñe, letra tan especial como el mismo objeto al que define. Vale, hay otras acepciones igualmente contundentes: potorro podría ser una de ellas, pero ya es más larga y menos combinable en el momento del amor, debéis reconocerlo. No es lo mismo estar postrado ante el objeto de devoción y decirle a su dueña “Que coño tan lindo tienes” que soltarle “que potorro tan lindo tienes”, donde va a parar. Las acepciones frutales o florales, por más que también mantienen cierta elegancia, no dejan de remitirnos a símiles referidos a forma, textura o suavización del nombre por miedo a reconocerle el suyo propio y apropiado. Las despectivas las obviaremos. No es este el lugar, ni yo de esos que le temen tanto que han de desprestigiarlo en aras de un falso “machismo” que se atribuyen sin tenerlo. Jamás me atreveré a mal nombrar esa parte cumbre de la anatomía femenina a la que me aboco como el mar a la playa.
Comentada la palabra pasaremos a describir al objeto al que se la asocia, al cual podemos idolatrar desde diferentes y variados puntos de vista. Lo que sí hemos de tener muy en cuenta es el hecho de que él, en sí mismo, tendrá o no la hermosura que se le atribuye en función de una proporcionalidad directa con el cariño y el deseo que le otorguemos a su poseedora. Esto es: Un coño hermoso, per se, pero propiedad de una por la que no sentimos deleite, mutará rápidamente en coño anodino. Por otro lado sucederá, y sucede, que si la mujer propietaria de tan útil complemento, es una por la que sentimos un deseo más allá de la virtud, su coño pasará a ser comparable al mejor y más hermoso Velazquez expuesto en la pinacoteca. Dicho esto y sujetos como estamos a una limitación en la extensión del texto, habremos, forzosamente, de simplificar las diferentes vertientes por las que deseábamos cantar sus excelencias y reducirlas a dos. A saber: morfología y utilidad.

Discurso de Steve Jobs

Al final me decido a colgar algo que me pareció una maravilla el día que lo descubrí y que ahora, pasado bastante tiempo, continúa siendo igual, sino mejor, que entonces.
Creo que pocas veces alguien ha sido capaz de decir tanto con tan pocas palabras.
Escuchadlo, es una guia para la vida.


Traducción
Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.
Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?
Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.
Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.
No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.
Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.
Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.
Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.
Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte.
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.
Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.
Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Meno Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.
Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue insensato”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue insensato. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.
Seguid hambrientos. Seguid insensatos.
Muchísimas gracias a todos.