La fotocopiadora, un invento de 2000 años

Según palabras de Sam Belluga, profesor de Historia de la Química en la Universidad de Princesstown (EEUU), la invención de la fotocopiadora sería atribuible al mismísimo Jesucristo, el segundo personaje de la trini.
Para emitir tales afirmaciones se basa en dos hechos clave: La cara que dejó impresa en un trapo que le dejó una tal Verónica mientras paseaba hasta el Gólgota y la que dejó, ésta de cuerpo entero, en el sudario que se le puso antes de echarlo al agujero.
A pesar de no disponer de pruebas que determinen al 100% la veracidad de estos hechos, el profesor Belluga está dispuesto a partirse el alma con cualquier teólogo que ponga sus palabras en duda. Soy profesor, pero con mis 198 cm también doy unas hostias como panes, ha dicho.
De otra parte, parece ser que desde el Vaticano se ha llevado a cabo una reunión de urgencia con los mejores gabinetes de abogados mundiales para ver la posibilidad de reclamar la patente de dicho invento. Su portavoz, el cardenal Rouco Sinfreni ha argumentado lo siguiente: “De todos es sabido que la Iglesia Católica es pobre. Cualquier dinerillo extra nos acercará un poco más a vivir como el jefe”.

(Benito Camela para PutoParao nius)

problemas con la polla de Cristo (3)

Desde que el obispado ha equiparado a la Teología como ciencia, capaz de convivir de tú a tú con las Matemáticas o la Física, por poner dos ejemplos de ciencias menores; cada duda, cada pequeña cuestión bíblica que antes se resolvía por la vía del Misterio o el Dogma, requiere ahora de la argumentación y del uso de la Lógica. Una duda harto extendida tiene que ver con el prepucio de Jesús. Ya dediqué dos entradas a dicho problema, aquí tenéis una y aquí tenéis la otra. Pues a pesar de todo, aún me quedan dudas.

Veréis: Aceptemos que Jesús subió al cielo completo. Santos varones habrán dedicado sus insignes vidas al estudio de tamaño problema. Me consta.

Si eso fue así, ¿cuándo le subió el pellejo? ¿Lo hizo en el mismo momento de la ascensión? Y, si fue así, ¿sabía el pellejo que le tocaba subir a los cielos, bajó una cohorte de ángeles a buscar por los estercoleros de Galilea el santo prepucio? ¿Sabía el santo prepucio, por alguna extraña relación con el badajo de Jesús donde se encontraba éste en cada momento de la vida?

Si nadie tuvo la precaución de preservar el pellejo de la punta de la divina minga debemos entender que andó tirada por los suelos durante treinta y tres años. Es mucho tiempo entre la mierda, incluso para el prepucio de quien sería el tercio de un dios. Eso, lector, es tener muy baja autoestima, no ya por su rabo, si no por si mismo.

¿Qué pretendía Dios con ello, hacer el milagro de la reimplantación sin infecciones?

No, lectores, como católico bautizado me niego a aceptar que a Cristo se le reimplantara la punta del cipote en el cielo cuando nadie tenía ni repajolera idea de por cuántos sistemas digestivos podía haber sido masticado, ensalivado, engullido, regurgitado, sorbido, vomitado o digerido.

Como católico bautizado solo puedo aceptar a un Cristo incompleto en la Sagrada Forma ya que ese prepucio, esa divina carnecita que una vez protegió el sagrado capullo, el divino glande, se quedó en la Tierra, despreciado, olvidado por todos, sentenciado a ser consumido por las fieras y reducido a vulgares excrementos.

Y responsabilizo de ello al judaísmo, no solo por ser culpables de la crucifixión del mesías católico, sino también por el gran error que representa el rito de la circuncisión. Que ya tiene delito que el pueblo que vivió en sus carnes el Holocausto, sea el mismo que dejó al descubierto el casco alemán del Redentor.

Así ardan en el Infierno.

Problemas con la polla de Cristo (2)

Jesús, terminado su arduo trabajo: Nacer, andar desaparecido más de treinta años, hacer proselitismo una corta temporada, palmarla en la cruz y resucitar; decidió subir a los cielos—, hay gustos para todos y el tercio de la trinidad, que él representa, no iba a ser menos.

Y ya está, ya se ha terminado todo… ¿nadie ve el problema? Sí, avezado católico creyente, veo que tú, al igual que muchos bautizados, has visto la luz y te haces la misma importantísima pregunta: ¿qué se hizo del prepucio de Jesús, se tiró al Jordán para que se lo comieran lo peces, lo atesoró una beata judía, se lo echaron a comer a los cerdos? No, por dios, eso es imposible. Hablamos nada más y nada menos que de la punta del cipote de Cristo ¡Coño, que no es un tema baladí!

O alguien acepta a una divinidad moviéndose por ese universo, creado perfecto por el único dios trino, con su cuerpo incompleto. Eso no se le ocurre ni a las falsas deidades. Ni siquiera en los talleres de imaginería, donde tantos y tan maravillosos profesionales hay, se les ocurre hacer una virgen María sin una teta, un san Cristóbal sin un dedo o una santa Hermenegilda sin manos ¿Cómo vamos a aceptar entonces a un mesías, un hijo de dios, una de las partes del creador, que suba al cielo con la minga menguada?

Es inaceptable. De no tener a Cristo al 100% podríamos caer prontamente en el error y la confusión, de ahí al pecado y del pecado al abismo. Con un Jesús de manubrio incompleto podríamos caer en la tentación de seguir solo 9,997 de los 10 mandamientos, O en medio de una misa taparnos los oídos durante 7 segundos, o decirle al confesor solo 17,88 de nuestros 18 pecados.

De no tener a Cristo al 100% podríamos llegar a determinar que de todas las bienaventuranzas, parábolas y consejos dados por Cristo a los Hombres, de todas esas maravillosas palabras, un porcentaje indeterminado de ellas dejarían de tener valor. Algo terrible según cual fuera esa pérdida.

Sería inaceptable, digo, vivir con la angustia de que un hijo de dios, por culpa de que le dejaran la punta del miembro como el casco de Darth Vader, no cumpliera el 100% de sus promesas. Y que tamaño error desembocara en que cuando debamos entrar en el reino de los cielos, y para limar asperezas comparativas, un arcángel nos vaya cortando la punta de la chorra a cada uno de los creyentes dejando la Tierra sembrada de miserables prepucios.

Problemas con la polla de Cristo

A pesar de que el título pueda parecer una especie de exabrupto o, para los beatos comehostias, incluso una blasfemia, no es tal y les diré por qué. Porque nombrar ese sagrado pene como “polla” no es sino defender eso que los españolísimos del trifachito defienden hasta con la vida de los ciudadanos: el idioma castellano (para ellos “español”), el mismo que, según Esperanza Aguirre ya se hablaba hace unos 3.000 años.

Hecha esta más que necesaria aclaración tal vez sea hora de que comentemos esos problemas que, como católico bautizado, menoscaban mi fe y mi confianza en la iglesia a la que dios se lleve a su vera a la mayor brevedad.

El primer problema que se nos plantea es el siguiente: queda claro en la sagradas escrituras —dictadas por dios pero escritas por un imbécil, que hubo que hacer concilios hasta aburrir para terminar con las correcciones— que a Jesús le cortaron la punta de la chorrilla para cumplir con el rito judío de la circuncisión. Y doy importancia a esta versión porque la que me contaba mi vecina de que se lo hicieron para que le creciera más el pene no me termina de cuadrar en alma tan límpida como la del hijo de dios.

Para las no versadas, vista de cipote antes y después de eliminar el sobrante

Hasta aquí ningún problema: nace, a los ocho días le cortan el prepucio, como tiene una tercera parte de dios no se infecta y los médicos lo mandan para casa porque la Seguridad Social, ya entonces, estaba en manos de la derecha casposa romana.

Ahora viene el problema: A Cristo le cortan la punta del pene porque es judío y ha de cumplirse el rito de la circuncisión. A los católicos no necesariamente nos cortan la punta de la pene porque no seguimos el rito judaico.

Si todo eso es correcto, que considero que lo es ¿Por qué los católicos seguimos celebrando como fiesta algo que es una celebración judía, esos impíos responsables de la muerte de Jesús? Y no me vale lo de que es mi santo o sirve para recuperarse de la taja de nochevieja… Para mí, como católico bautizado, es un problema que la iglesia o el mismo dios, deben resolver a la mayor brevedad.