Ciudadano libre condenado por cagarse en un rey

Lo cierto es que la canción ya tiene unos meses. Pero visto lo visto y tal como van los compiyoguis, yo también me cago en todas las dinastías desde que la Isabel se cepilló al tonto del haba del Fernando. Y me cago en todos los reinos de mierda manejados desde por y para la corrupción por parte de compiyoguis y otros vómicos protohumanos sin dignidad. Y me cago en toda la putrefacta y endogámica sangre azul que tiñe de rojo el suelo por donde pasa, riéndose en la cara de los pobres imbéciles que todavía visten alma servil. Y me cago en todos los nobles sin nobleza que mandan mensajitos a corruptos, dejando claro con ello que forman parte de esta inmensa boñiga que ocupa gran parte de la península Ibérica.
Termino con una pregunta. Ya que los reyes impuestos en esta inmensa boñiga llamada españa son intocables, ¿qué sucedería si a alguno de sus descendientes le fuera grato violar niñas?, por poner un ejemplo distinto al que ya nos han acostumbrado: la corrupción.
Porque la mierda es mierda, huela más o huela menos, sea más o menos compacta y esté sujeta a variaciones de tamaño de todo tipo. Lo miremos por donde lo miremos seguirá siendo mierda.
Por ello, toda acción punible, criticable y cuestionable, sea el rey o la puta que los inventó a todos, lo es. Desde los que se relacionan con compiyoguis corruptos hasta los que tengan debilidad por la violación de niñas ¿Dónde tendrá la “ciudadanía” que nos los “subditos” el derecho y el deber de ponerlos en su sitio? Pues que queréis que os diga, tal y como están las leyes (que no la Justicia) de esta boñiga, seguirán protegidos y nosotros nos deberemos meter la lengua en el culo.
La conclusión es clara: O República o servilismo.

De reyes, adulación y 2.306.000 niños pobres (#Marcaespaña

Los que esperan la prebenda rindiéndole pleitesía. Su idea del trabajo bien hecho.

españa es fiel a sus tradiciones: toros, paella, flamenco, procesiones, servilismo y coronar reyes. Y si algo sabemos hacer bien de verdad, es lo último: coronar reyes y adularlos después; todo ello con la sana intención de que una minoría de inútiles y corruptos saquen tajada de la poca riqueza que puedan producir unos súbditos históricamente abandonada a su suerte y con un alto índice de adoctrinamiento y provincianismo, que no cultura, histórica enemiga de reyes, clérigos y militares.
Es así nos guste o no, y eso se retrata en el poco Arte que hemos sido capaces de crear; desde El lazarillo de Tormes o La vida del Buscón —exaltación del tan hispano “búscate la vida” producto de la miseria provocada por el rey de turno con su cohorte de aduladores, arribistas y advenedizos— hasta la vergüenza y el escarnio que representa el Guernica de Picasso, una obra maestra que nos habla del dolor generado por una general golpista y sus tropas de criminales rebeldes. Dolor extendido por decenas de años de asesinatos y toma de posiciones de la actual monarquía y su nueva cohorte de los de siempre.
En esta españa de vergüenza y de hastío no hay lugar para lo importante: el Futuro: Infancia y Juventud. Pues el futuro no tiene cabida en una españa moribunda infestada de monarcas, clérigos y dictadores anclados en su siempre inútil. Para todos ellos solo existe un presente perenne de expolio a manos llenas, de eliminación de todo vestigio de modernidad o futuro y de ruina humana que no sea su pequeño mundo inmundo de adulación para sacar tajada.
A esa españa de vergüenza y de hastío no le importan en absoluto los millones —millones ya— de niños que viven por debajo del umbral de la pobreza, se lo habrán buscado, pensaran desde sus jaulas de oro protegidas por “sus” policías indignos. A esa españa corta de miras solo le interesa salvaguardarse ella y su caterva de amiguetes ignorantes. Porque más allá de ellos, de su pequeño mundo vacuo, solo existe un vacío tan negro como sus conciencias. La suerte, la gran suerte que han tenido hasta ahora, es que hay un elevado porcentaje de población con alma de siervo que todavía entona a voz en grito el ¡Vivan las caenas!.

Pero los tiempos están cambiando.

El primer paso, vivir el presente (JAke al Rei)

En pleno siglo XXI hablar de religión —entendiendo por religión todo aquello vinculado a liturgia y al libro sagrado, fundamentalismo en suma, bien sea islam, cristianismo o judaismo— es tan anacrónico como hablar de que la Tierra es plana o que el Universo gira en torno a ella (y soy consciente de que el catolicismo hace cuatro días que “perdonó” a Galileo, por imperativo histórico, claro).
En pleno siglo XXI soportar una monarquía es tan anacrónico como aceptar que el tejido humano de este mísero país está formado por campesinos ignorantes con alma de siervos.
Hablar del binomio iglesia_monarquía es retroceder más de trescientos años de civilización. Es así por mucho que queramos disfrazarlo, vestirlo, camuflarlo, modificar su nomenclatura o “imponerlo” por los sagrados cojones de las armas (la solución heroica de esta vomitiva españa anclada en el siglo XV in sécula seculorum).
Tal vez sea hora, de una vez por todas, de que comencemos a avanzar en el tiempo y en la cultura; en el conocimiento y en la razón, en la Verdad y en el Criterio. No digo yo que el cambio deba ser mañana. Pero sería bueno no esperar trescientos años más. Primero porque ya no habrá bienes que la iglesia pueda robar para ponerse a su nombre (léase inmatriculaciones); y segundo porque dado el sistema reproductivo de los borbones: serie de Fibonacci, pronto no habrá suficiente dinero como para mantener a una dinastía que se replica como los conejos, a pesar incluso de dormir en camas separadas.

Los tumores de Europa

Un artículo de David Bollero para Público.es

Si le hiciéramos a Europa una tomografía (TAC), hoy detectaríamos en el Palacio Real de Ámsterdam un tumor cancerígeno. Hoy se dan cita allí todas las Casas Reales del Viejo Continente (y del resto del mundo) para asistir a los actos de coronación de los nuevos reyes de Holanda tras la abdicación de reina Beatriz. ¿No les resulta chocante que nuestros gobernantes no dejen pasar un sólo día para hablar de la democracia y hoy estemos asistiendo a esta celebración de más de siete millones de euros en la capital holandesa? ¿No les resulta extraño que en el mismo periódico puedan leer entremezclados términos como ’6,2 millones de parados’ o ‘austeridad’ con ‘corona’ o ‘capa de armiño y terciopelo rojo’?

A mi, desde luego, sí me choca, porque veo en la monarquía  una institución pretérita que atenta contra cualquier valor democrático, que supone un síntoma más de lo enferma que está Europa y, por extensión, España. La naturalidad con que hoy se ven a estas instituciones es pasmosa, como también es asombroso que en España contemos con cerca de 3.000 títulos nobiliarios ostentados por unas 2.000 personas. Y si las Casas Reales son un tumor, estos nobles son su metástasis, incluidos los de nuevo cuño, puesto que ya es una cuestión de principios y, a mi modo de ver, cualquier tipo decente rechazaría un título de marqués…

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¿Quiénes son los patriotas?

Artículo de Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

Artículo publicado en Público.es 

Mark Twain, uno de los autores más críticos de la sabiduría convencional que ha tenido EEUU, escribió frecuentemente que el concepto de patriotismo, en cualquier país, es uno de los más utilizados para esconder intereses de grupos sociales que quieren mantener, por todos los medios, sus privilegios utilizando el sentimiento patriótico como mecanismo de movilización popular, identificando sus intereses particulares con los intereses de lo que llaman patria. Antonio Gramsci, en Italia, uno de los analistas más importantes que han existido en Europa de cómo el poder se reproduce en las sociedades, subrayó con gran agudeza la función ocultadora de los símbolos de la patria para defender los intereses de las clases dirigentes.

España (y Catalunya dentro de ella) es un ejemplo claro de lo que Mark Twain y Antonio Gramsci indicaron. Las derechas han sido siempre las que se han presentado como las grandes defensoras de la patria, defensa que requiere los máximos sacrificios de los que están a su servicio. Uno de los eslóganes de la Guardia Civil (el cuerpo de policía armado que históricamente ha tenido la función de mantener el orden público y reprimir cualquier agitación social que cuestionara las relaciones de poder existentes en España) era “Todo por la patria”, lo que podía significar incluso la pérdida de  la vida de los guardias civiles aunque también, mucho más frecuentemente, la de los represaliados. La Monarquía, el Ejército y la Iglesia han sido siempre las estructuras institucionales que han defendido el poder de los grupos dominantes en las esferas financieras y económicas (y, por lo tanto, políticas y mediáticas) del país, utilizando el amor y el compromiso con la patria como mecanismo de movilización popular en defensa de sus intereses. Las pruebas históricas que avalan esta utilización de la patria para dichos fines particulares son robustas y abrumadoras.

Tales instituciones de derechas son pues las que se consideran a sí mismas como las defensoras de la patria. Hace sólo unos días, el diario monárquico profundamente conservador ABC ponía en portada a la Duquesa de Alba como la gran defensora de la patria española acusando a los catalanes de ser poco patriotas (11 Nov. 2012). Tal personaje es una de las terratenientes más importantes de España y está entre los que reciben mayores subsidios del estado español y de la Unión Europea, a cargo del erario público. Su linaje familiar, por cierto, ha jugado un papel clave, junto con otros terratenientes, en reproducir una situación en el campo andaluz responsable, en gran parte, de la pobreza de las poblaciones rurales de aquella parte de la patria española.

Pero la credibilidad de tal tesis (de que las derechas son las que sostienen el patriotismo) depende, en gran medida, de lo que se entienda por patriotismo, el cual, como la mayoría de sentimientos, no es fácil de definir. Después de todo, ¿qué quiere decir amor a la patria?

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